La Canción Patriótica en Venezuela PDF Imprimir E-mail

Ignacio Barreto  Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

A finales del siglo XVIII y durante todo el XIX en Europa, se fue concentrando una noción de Patria que exigía aires de renovación. Mientras tanto, en el continente americano empezaban a surgir nuevas naciones,liberadas del dominio europeo y en permanente lucha por la soberanía. Ambos procesos fueron determinantes en la estructuración de un nuevo pensamiento estético al que se conoció con el nombre de romanticismo. Las ansias de libertad, las posturas anti-monárquicas y, por ende, republicanas, así como la conciencia nacional, forjaron un arte nuevo paralelamente con todos los conflictos bélicos generados para la defensa de estos principios.

Hija ilustre del compromiso político nacionalista ligado al poder creador lo es, sin duda, la canción patriótica. Eventos trascendentales como la Revolución Francesa y la oposición a la dominación napoleónica engendraron canciones que exaltaban la rebelión y las luchas emancipadoras de estos procesos. La Carmagnole Francesa, cuyo origen parece remitirse al pie de monte italiano durante los primeros años de la década del noventa en el siglo XVIII, habla de cañones libertarios en un tono festivo, de danza popular,casi como una intención triunfalista que debió haber enervado hasta los límites al emperador Bonaparte. Su energía cruzó el Atlántico y llegó a costas venezolanas de la mano de dos republicanos, reos vinculados a la célebre Conspiración de San Blas (Madrid, 3 de febrero de 1796) . Juan Bautista Picornell y Cortés Campomanes, participantes activos de este alzamiento, fueron condenados y confinados a la cárcel de La Guaira, de donde lograron fugarse entrando en contacto con los conspiradores criollos Manuel Gual y José María España. De los españoles, se dice que surgió la versión al castellano de la Carmagnole rebautizada como la Carmañola Americana; además, de acuerdo con los expedientes levantados a los criollos una vez descubierta la conjura, los mismos son señalados como autores de la letra de la Canción Americana desde la cual se exaltaba como principio que la soberanía residía en el pueblo. La conjura fracasó, pero 13 años después surgirían nuevas acciones que permitirían llevar a cabo un proceso emancipador capaz de abarcar los sueños de todo un continente.

A raíz de los sucesos del 19 de abril de 1810 surgen dos canciones con contenido patriótico. Una de ellas, cuya letra es de Andrés Bello y la música de Lino Gallardo se titularía Caraqueños; otra época empieza. La otra escandalizaría a Vicente Basadre, funcionario realista apresado tras los hechos y expulsado hacia España. En ella se conminaba al resto de las colonias americanas a seguir el ejemplo de los caraqueños. Se trataba de la canción Gloria al Bravo Pueblo, cuyo estribillo empezó a calar en el sentir popular, gracias, entre otras cosas, a la utilización de una melodía conocida, una canción de arrullo, a la que se le adaptaron los versos inspirados por Vicente Salias. La tradición y algunos estudios comparativos con otras obras del mismo autor nos hacen creer que la música de las estrofas salió del ingenio de Juan José Landaeta. Años más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XIX, se conocería una introducción instrumental, probablemente ideada por Gallardo en los años posteriores a su creación. Tal llega a ser la popularidad de esta canción que en el 1881 es decretada, por el entonces Presidente Antonio Guzmán Blanco, como Himno Nacional de Venezuela.

En ese breve e intenso período que transcurrió bajo la llamada Primera República, con la instalación del Primer Congreso y la Declaración y Firma del Acta de Independencia, surgieron nuevas canciones que reflejaban el espíritu y la emoción libertaria de esos días. La Canción Americana de Picornell y Campomanes, resurgió con más fuerza y uno que otro cambio en el texto -sobre todo en lo referente a los tiempos verbales- conservándose hasta nuestros días una versión musical elaborada por Lino Gallardo, mientras que Landaeta se encargaba de escribir la canción Gloria Americanos, para ser interpretada durante el acto de instalación de ese Primer Congreso. De esta pieza ha sobrevivido una orquestación realizada por José María Isaza en 1828 -tal y como la recordaba- sin que se hayan podido recuperar las partes vocales ni la letra. También, de los tiempos de la guerra, se tiene conocimiento de canciones patrióticas escritas por Cayetano Carreño, hermano de Simón Rodríguez, quién no dudó nunca en poner su orquesta al servicio de la causa independentista durante las celebraciones que conmemoraban año tras año los hechos del 19 de abril y del 5 de julio. Estas dos fechas, exaltadas hasta nuestros días, fueron fuente de inspiración para canciones patrióticas hasta mediados del siglo XIX

A partir del año 1824 y con la consagración de la independencia, luego del triunfo en Ayacucho, será la figura de Simón Bolívar el tema central de las canciones que se generarán en ese y en los años posteriores. A pesar de las pugnas internas que llevaron irremediablemente a la disolución de la Gran Colombia, Bolívar es visto durante los años anteriores a su muerte, como el héroe y la figura necesaria para mantener la unión de los pueblos liberados. Especial atención recibió la venida del Libertador a Caracas en enero de 1827 cuando el país se encontraba en unos de los momentos de crisis económica, política y social más agudos de la historia patria. Lamentablemente, el puñal parricida y atroz del ingrato, del vil enemigo que de males la Patria colmó fue capaz de truncar los sueños de integración.

De ese período resaltan las canciones de Atanasio Bello Montero y José María Isaza, ambos compositores influenciados por el estilo de composición de los clásicos centroeuropeos, reconociendo en sus obras elementos de la Escuela de Mannheim sobre todo Carl Stamitz y Joseph Haydn;. compositores cuyas obras cayeron en manos de los criollos en la tercera década del XIX. También Lino Gallardo incluye entre sus obras un canto a Bolívar, mientras que Juan Meserón, quién había participado activamente de la rebelión independentista, mostraba en obras del género sus dotes de sinfonista. Piezas de una factura que llama la atención y, a través de las cuales, se puede intuir, paralelamente con la admiración al héroe, una oportunidad aprovechada para volcar todas las necesidades creativas de estos músicos. Pues no podemos obviar el hecho de que en aquellos tiempos resultaba casi imposible mantener una actividad sinfónica permanente y sólo para estas ocasiones especiales se podía contar con los recursos de la municipalidad para el contrato de los ejecutantes. En los años cuarenta la figura de Bolívar empieza a ser reivindicada, luego de la satanización cocinada por los ideólogos de La Cosiata en el lado venezolano y los fieles a Santander en la Nueva Granada. Con cierta timidez,e imbuido del espíritu rossiniano en su lenguaje musical, José Lorenzo Llamozas parece evocarlo en su Canción al 5 de julio de 1844. Más directos serán los aires venidos de la provincia. En 1846, desde Mérida, el músico y editor José María Osorio publicará en su Semanario El Iris, una obra firmada por J.M.M -probablemente el mismo Osorio- llamada La Reconquista, en él se  impreca a los traidores que desde el interior de la Patria intentan adueñarse de su soberanía para cumplir deseos personalistas de gloria y riqueza. A aquellos que son capaces de darle la espalda a los sueños de un pueblo el autor les recuerda que el pensamiento de Bolívar vive y por él acabarán derrotados. Por lo directo de su mensaje podemos inferir que esta pieza se remonta a los tiempos de la disolución de la Gran Colombia.