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La Liberación del sur

Centro Nacional de Historia

 

Todo un Continente. El pacto colonial entre España y sus posesiones americanas estaba prácticamente agotado, situación que se inserta en la transición de un modelo mercantilista a una nueva forma de producción capitalista, industrial y liberal. La independencia de Estados Unidos representó un primer golpe al colonialismo americano, al cual se sumaba la divulgación de las ideas sobre los derechos naturales y sociales del hombre y su carácter ciudadano, provenientes de París y Filadelfia. Estas ideas no sólo se expandían entre la élite criolla y los grupos ilustrados de las sociedades coloniales, sino que eran transmitidas por diversas vías al pueblo, todos ellos tenían conciencia política sobre los cambios que se estaban gestando en todo el continente, razones suficientes para una transformación en el estatuto colonial hacia finales del siglo XVIII. Por otra parte, la independencia de Haití, en 1804, influenció de manera decisiva los acontecimientos en América del Sur, sentando las bases para un movimiento autonomista en todo el continente. La dialéctica existente en el interior de la sociedad colonial entre propietarios y comerciantes criollos, la difusión de las ideas liberales y el cautiverio de Fernando VII en manos de Napoleón, aunado a todos los movimientos insurgentes, conspiraciones autonomistas e intentos de rebelión de indígenas y esclavizados, que tanto en Venezuela, Nueva Granada, Perú, Quito y Montevideo, se sucedían en las últimas décadas del siglo XVIII y comienzos del XIX, prepararon el escenario para la liberación del sur.

    

Los procesos de Emancipación en Nuestramérica

 

Entre abril y septiembre de 1810, los pronunciamientos autonomistas se sucedieron rápidamente en los cabildos de Caracas, Buenos Aires, Bogotá, Santiago de Chile, Quito y Montevideo. Aunque inicialmente se trató de un movimiento revolucionario propiciado por las élites criollas en cada una de estas ciudades, las contradicciones sociales que se evidenciaban al interior de sus sociedades hicieron que se incorporaran a la lucha los sectores mayoritarios; factor fundamental para el desarrollo y desenlace de los acontecimientos. En este sentido, el ejemplo de las revoluciones francesa y norteamericana, junto a la fidelidad al sistema monárquico, operaron como expresión de las pugnas internas, haciendo que el movimiento pronto adquiriese carácter continental y fuese la emancipación absoluta la única alternativa. El proceso casi simultáneo de las independencias en la mayor parte de las colonias españolas en América no fue casual, ya que los intereses por la liberación eran comunes.

 

Una lucha cruenta

 

La lucha por la emancipación de los pueblos americanos, que se extendió desde 1810 a 1825, fue especialmente cruenta en Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. A partir de 1820 la lucha armada dio un giro favorable para los patriotas del continente debido a que éstos pudieron organizar mejor sus ejércitos, ya que sus jefes y oficiales habían adquirido mayor experiencia en los combates y, aún más importante, se produce la incorporación de los sectores populares que respaldaron de forma decisiva la causa independentista, incrementándose así al máximo la conciencia política e institucional del movimiento emancipador, lo cual desembocó en la resolución del conflicto y la Independencia absoluta de nuestramérica.

 

Los costos de la guerra

 

Los costos de la guerra fueron realmente elevados, la población disminuyó considerablemente y la economía sufrió graves daños, sobre todo en Venezuela y Nueva Granada, debido a la incorporación progresiva de la mano de obra en los campos de batalla: esclavizados, indios y pardos, se unieron al movimiento independentista, lo que afectó directamente el intercambio comercial, cuantiosas fortunas se consumieron en el conflicto o fueron extraídas por sus dueños y enviadas a espacios neutrales como Puerto Rico, Cuba o Europa.

 

Los vecinos del continente

 

Debido a su configuración colonial México, Centroamérica, la parte central y norte de Suramérica y todo el sur, comprendiendo Argentina, Chile y Uruguay, desarrollaron sus movimientos emancipatorios de forma particular. Sin embargo, la simultaneidad de estos acontecimientos habla de la relación más o menos estrecha entre países vecinos: entre Venezuela y Nueva Granada, entre ésta y Quito, entre Perú y las provincias de la Plata, entre Chile y Argentina, entre México y las provincias centroamericanas.

 

San Martín y Bolívar en Guayaquil

26 de julio de 1822

 

El encuentro entre Simón Bolívar y José de San Martín siempre ha despertado la imaginación de los sudamericanos. El Libertador realizó los preparativos para esta reunión con la intención de poner fin a la anarquía imperante en Guayaquil. Quienes abogaban por un Guayaquil independiente tenían sus esperanzas puestas en la división argentina que había luchado en Pichincha. Sin embargo, Bolívar intuyó las verdaderas intenciones de San Martín y logró frustrar el movimiento reteniendo las tropas argentinas frente a Quito y enviando al ejército colombiano a Guayaquil. El 26 de julio de 1822 se efectuó esta reunión con el propósito de llegar a un acuerdo sobre la soberanía de la provincia de Guayas, el destino de Perú y, en forma general, de la América del sur. Tras la presentación de las delegaciones, Bolívar y San Martín discutieron en privado el destino de América, tratando, entre otros temas, varios asuntos concernientes a la manera de finalizar la guerra emancipadora en Perú y sobre la forma de gobierno que convendría a los nacientes Estados americanos. El programa de San Martín comprendió cuatro puntos: primero, el problema de Guayaquil; segundo, la demanda que hizo al presidente colombiano para que resarciese las pérdidas sufridas por la división argentina durante la campaña contra Quito; tercero, el requerimiento de que Bolívar prometiese formalmente el envío de refuerzos para la liberación de Perú; y cuarto, la intención de persuadir al Libertador para que aceptase sus planes constitucionales de carácter monárquico. Aunque Bolívar se mostró partidario de una república democrática, y adoptó el papel de demócrata explicándole a San Martín la necesidad de una consulta popular, le dejó claro que la votación favorecería a Colombia. La reunión giró sobre temas militares. Posteriormente, Bolívar agasajó a San Martín con un banquete y a mitad del mismo, y bajo un estricto secreto de todo lo conversado, San Martín se retiró hacia el muelle, embarcándose con destino a Perú.

 

 

José Francisco de San Martín

(1778 -1850)

 

Nació en Yapeyú (Argentiba) en 1778. Líder argentino que luchó decididamente por la liberación del territorio nuestroamericano. En 1784 se trasladó a España, y con tan sólo 11 años de edad inició su carrera militar en el Regimiento de Murcia. Entre 1791 y 1808 participó activamente en diferentes acciones de guerra contra las fuerzas francesas, destacándose en 1808 en la batalla de Baylen, por la cual se le concedería el grado de teniente coronel. En 1811 viaja a Londres para encontrarse con compatriotas suramericanos, entre los que destaca Andrés Bello. En 1812 llega a Buenos Aires para incorporarse al proceso de independencia de su país y del sur del continente americano. Convertido en jefe del Norte, en 1813 comenzó una ardua campaña libertadora que logró la independencia de Chile en 1817 y de Perú en 1821. En 1822 se entrevistó con Simón Bolívar en Guayaquil para discutir sobre el futuro del territorio, sin embargo, en 1824 se retiró del proceso independentista y se radicó en Francia hasta su muerte en 1850.

 

 

Guayaquil, el bastión crucial para liberar a Perú

 

La Provincia Libre de Guayaquil fue el sitio de encuentro entre el libertador Simón Bolívar y José de San Martín, quienes, el 26 de julio de 1822, se reunieron para discutir el destino de Perú, puesto que ambos estaban convencidos que con su liberación consolidarían la emancipación americana. Al día siguiente San Martín marchó rumbo a Perú, donde en el mes de septiembre se instaló el Primer Congreso Constituyente de la República. Guayaquil declaró su anexión a la Gran Colombia el 30 de julio de 1822.


 

 

Bernardo O’Higgins Riquelme

(1778 – 1842)

 

Nace en Chillán (Chile) el 20 de agosto de 1778. Empapado de los ideales de libertad que en él sembró Francisco de Miranda, O’Higgins combatió incansablemente por la independencia de su amada patria hasta convertirse en el Libertador de Chile. El 16 de febrero de 1817, una Asamblea de Notables reunida en Santiago le confirió el cargo de director supremo, mandato que se prolongó hasta el 28 de enero de 1823. Derrotadas las fuerzas realistas asumió el cargo que se le había conferido y firmó, el 12 de febrero de 1818, la Proclamación de la Independencia de Chile. Por presiones internas y ante una inminente guerra civil, abdicó de su cargo entregándolo a una Junta de Gobierno. A pesar del exilio, continuó preocupado por la libertad de América, y transitando por los caminos donde se hacía la revolución, combatió junto a Simón Bolívar en Ayacucho. Muere en Perú el 24 de octubre de 1842.

 

 

 

 

Acontecimientos políticos de una guerra continental

 

I Congreso de la República Colombia

(Cúcuta, 30 de agosto de 1821)

 

La ley fundamental de Colombia aprobada en 1819 no bastaba para darle cohesión a tan inmensa proporción de territorio, por ello en 1821 se convocó en la ciudad de Rosario de Cúcuta (actual Colombia) una Asamblea Constituyente donde se redactó y aprobó la carta magna que dio origen a la unión colombiana, conformada por personajes como Antonio Nariño, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Sesionó entre el 30 de agosto y el 3 de octubre de 1821 y su resultado fue la Constitución Liberal de Cúcuta.

 

Tratado de Regularización de la Guerra

(Trujillo, 25 y 26 de noviembre de 1820)

 

Arreglo acordado entre la República de Colombia y el Reino de España en el que se comprometían a cesar temporalmente en las acciones bélicas y acabar de una vez por todas con la modalidad de “Guerra a Muerte” instaurada por Domingo de Monteverde a su llegada, y decretada por Simón Bolívar en 1813. El acuerdo fue firmado por Pablo Morillo y Simón Bolívar, y exigía que se desintegrasen las guerrillas y que las tropas respetaran las demarcaciones impuestas.

 

Doctrina Monroe

(2 de diciembre de 1823)

 

¿“América para los americanos” o América para los norteamericanos? El 2 de diciembre de 1823, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, James Monroe, anunció ante el Congreso de su país un mensaje que tuvo como finalidad oponerse a los intentos de recolonización del continente americano por parte de las potencias europeas. Este mensaje, en “defensa de las independencias”, se convirtió posteriormente en una doctrina política y diplomática que justificaría las intervenciones de este país en los territorios de Nuestramérica. De esta manera se va imponiendo el imperialismo norteamericano sobre nuestros pueblos.

 

Santa Cruz y Gamarra: Perú se vuelve contra Colombia invadiendo a Bolivia y Ecuador

(1827)

 

Ausente Simón Bolívar de Lima a finales de 1826, se inició un movimiento contrario al proyecto de la unión colombiana. Se realizó, entonces, un llamado a Congreso Extraordinario, el cual se reunió a comienzos de 1827. El Congreso eligió al general Andrés de Santa Cruz como presidente y a José Miguel de Velasco como vicepresidente encargado, relevando del mando al Libertador. El 1° de marzo de 1828, el ejército peruano, bajo la dirección de Agustín Gamarra, invadió el territorio de Colombia para anexionar el puerto de Guayaquil y el departamento de Azuay.

 

Bolívar y Páez se entrevistan en Valencia

(4 de enero de 1827)

 

El 4 de enero de 1827, Simón Bolívar y José Antonio Páez se reunieron en Valencia para discutir sobre la separación de Venezuela de la República de Colombia. El Libertador había dictado el 1o de enero un decreto de “Olvido de lo pasado”, con el cual perdonaba a los conspiradores de la Cosiata. Bolívar consideró superada la acción secesionista, por ello confió nuevamente el poder a Páez, ratificándolo en el cargo de comandante general en jefe de Venezuela. Este hecho resultó perjudicial para la causa de la unidad colombiana, pues conllevó a la separación del territorio venezolano de este gran proyecto de unión suramericana.

 

La Convención de Ocaña: intento de reformar la Constitución de Cúcuta

(abril - junio de 1828)

 

El 9 de abril de 1828 se instaló esta convención en la ciudad de Ocaña (actual Colombia) con el propósito de reformar la Constitución de Cúcuta. Esta reunión se caracterizó por el enfrentamiento político entre centralistas y federalistas. Ambos grupos querían la reforma de la Constitución, de acuerdo con sus intereses políticos particulares. Los centralistas, bajo la orientación de Simón Bolívar, proponían incrementar la centralización del poder y mayor autoridad en el gobierno. Los federalistas, bajo la dirección de Francisco de Paula Santander, planteaban establecer el sistema federal como medio de alcanzar la autonomía de los departamentos y disminuir la autoridad del Libertador, a quien acusaban de usurpador y tirano. La confrontación de estas tendencias irreconciliables determinó el fracaso de la convención. Los bolivarianos, reconociéndose como una minoría, abandonaron la asamblea y proclamaron la dictadura de Bolívar. Ante la ausencia de Constitución y congreso, el Libertador asumió el mando supremo el 24 de junio de 1828 y gobernó a través de decretos hasta el mes de marzo de 1830.

 

 

La dictadura necesaria del Libertador

(24 de junio de 1828)

 

En medio de la anarquía emergente se produjo en Bogotá un levantamiento militar y popular que proclamó a Simón Bolívar como jefe supremo de la República, en desconocimiento de toda resolución emanada de la Convención de Ocaña. El mismo pronunciamiento se propagó por todas las provincias de Colombia, incluso en Venezuela, donde se confiaba en el Libertador, mas no en el gobierno conducido por Francisco de Paula Santander. Ante tal clamor popular, y deseoso de evitar el caos político, Bolívar aceptó la dictadura, proponiendo convocar a un nuevo congreso al cabo de un año.

 

 

Congreso Anfictiónico de Panamá: un intento de unir a Nuestramérica

(7 de diciembre de 1824)

 

Convocado por Simón Bolívar, el 7 de diciembre de 1824, desde la ciudad de Lima, el Congreso Anfictiónico de Panamá fue una reunión de las repúblicas independientes de Nuestramérica que se llevó a cabo en dicha ciudad entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826. A este congreso asistieron delegaciones de Nueva Granada, Venezuela, Ecuador, México, Perú y de las Provincias Unidas de Centroamérica. El objetivo fundamental del congreso fue crear un espacio de encuentro para afianzar y sostener la idea de integración de los países nuestramericanos.

 

Mujeres en la Independencia

 

Es evidente que las mujeres han sido sistemáticamente omitidas en el discurso histórico tradicional, por ello es de suma importancia —justo en el marco de la celebración del Bicentenario de la Independencia— visibilizar su participación durante la Independencia como luchadoras, patriotas y hasta heroínas. Durante el proceso de emancipación venezolano las mujeres tuvieron un importante desempeño en los movimientos insurgentes contra el Imperio español, su colaboración en la organización de reuniones secretas y conspiraciones fue fundamental. Esclavas, indias, pardas, y blancas criollas eran parte esencial de la escena política y bélica, contribuyendo activamente a afianzar nuestra Independencia.

 

 

Juana Ramírez, “La Avanzadora”

 

Fue una valiente mujer que participó en el proceso de Independencia. Nació en el antiguo cantón de Maturín (Provincia de Cumaná) aproximadamente en el año de 1790. Desde temprana edad comenzó sus actividades insurgentes contra la corona española; se inscribió en un batallón formado en su mayoría por mujeres, llamado “Baterías de Mujeres”, las cuales se destacaban por ser excelentes lanceras, enfermeras y hasta sepultureras. A Juana la llamaban “la Avanzadora” porque tomó la iniciativa de disparar en un enfrentamiento contra las tropas realistas, cerca de la Plaza de Maturín, actualmente conocida como Piar, el 25 de mayo de 1813.

 

Josefa Meneses

 

Esclava, soltera, oriunda de la ciudad de Coro, nació aproximadamente en el año de 1795. Fue acusada de infidente por participar en reuniones “sospechosas” y mantener conversaciones ilícitas en las que se oponía a la causa realista al hacer público un rumor que señalaba una insurrección contra el orden establecido por las autoridades españolas en el año de 1814. Meneses era “propiedad” del cura de Ocumare, presbítero Juan José Mondragón, el cual fue advertido de la manera como debía cuidar la educación de sus esclavizados. A finales del mes de noviembre de 1815, las autoridades aprobaron que se le infringiesen varios azotes como castigo a su comportamiento rebelde.

 

Manuela Pedraza, “La Tucumanesa”

 

Fue una ferviente defensora de la invasión del Río de la Plata, Argentina, por los ingleses entre 1806-1807; participó en las batallas de la Plaza Mayor, de Patricios, entre otras. En el enfrentamiento del 11 de agosto de 1806 murió su esposo y ésta arremetió por venganza en contra del oficial inglés que lo asesinó. Por su valentía en los campos de batallas se le concedió el grado de teniente. “No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de Asamblea, llamada Manuela la Tucumanesa, que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza mató un inglés del que me presentó el fusil.”

 

Juana Azurduy de Padilla

 

Coronada con el grado de teniente coronel por las victorias de 1816, se destacó como figura y ejemplo independentista, su participación se inició en la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809. Tras vivir las complicaciones de la guerra y experimentar la muerte de sus hijos, fue apresada en junio de 1811 y dos años después organizó y luchó junto a su esposo en las batallas de ese año. Lideró las guerrillas en contra de los realistas en los años subsiguientes. A finales de 1816 fue herida en batalla y su marido fue asesinado. Años más tarde Juana comentó: “...sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte...”.

 

 

Manuela Sáenz

 

La Salvadora del Libertador

(Bogotá, 25 de septiembre de1828)

 

El golpe se daría la noche del 28 de octubre, mediante el asalto del Palacio de Gobierno en el cual estaría Bolívar y, al mismo tiempoo, atacando el cuartel Vargas para liberar al almirante José Prudencio Padilla con el objeto de que éste tomara las riendas de la maniobra. Sin embargo, los conjurados debieron adelantar la acción un mes, puesto que el capitán Benedicto de Triana hizo saber la existencia del plan en las primeras horas del 25 de septiembre. Desde las siete y media de la noche los magnicidas se reunieron en casa de Luis Vargas Tejada, muy cerca de la Iglesia de Santa Bárbara. Según sus planes, un grupo capturaría al Libertador a toda costa; otro debía apoderarse de los cuarteles, y el último estaría preparado para cualquier eventualidad. En total no pasaban de 150 hombres armados. Al asomarse a la ventana Manuela Sáenz observó que en la entrada del palacio yacían muertos los guardias, constatando que sólo segundos separaban a Bolívar de la muerte. Los rebeldes Horment, Carujo, Zulaibar, González y otros quince, suben las escaleras del palacio tumbando violentamente todo a su paso. La quiteña, valerosa, abrió la puerta de la habitación y se enfrentó a los criminales: “Desde que me vieron —rememoraría Manuelita— me agarraron y me preguntaron: ¿Dónde está Bolívar? Les dije que en el Consejo, que fue lo primero que se me ocurrió…”. Estrategia que le costó una golpiza, pese a que Horment le perdonó la vida por ser mujer. Asistiendo al palacio, sable en mano, el coronel Guillermo Ferguson se consiguió con la bala asesina de Pedro Carujo. Creyendo los confabulados que se trataba de Bolívar, abandonaron el lugar y cantaron victoria: “¡Ha muerto el tirano! ¡Viva la Constitución!”. Pero se equivocaban. Bolívar había saltado por la ventana siguiendo las instrucciones ansiosas de Manuelita. Justo cuando caía a la calle, el Libertador se encontró casualmente con su repostero, José María Antúnez, quien lo llevó a refugiarse debajo del puente El Carmen. Allí, embarrado en el fangoso cauce y desarmado, esperaría varias horas hasta que todo se calmara. Los facciosos, en el otro frente, habían tenido éxito al asaltar el cuartel Vargas, liberando a Padilla luego de asesinar al coronel José Bolívar. Enterado del levantamiento, el general Rafael Urdaneta, ministro de Guerra, hizo frente a la situación junto a las tropas leales. Los insurrectos, luego de dos horas de fuego cerrado, huyeron en desbandada al observar el rechazo total del pueblo: ya todo estaba perdido para ellos. El grito de victoria sería entonado por la muchedumbre en la Plaza Central a las dos de la mañana, cuando vieron regresar, mojado, a caballo y acompañado por la plana militar, al Libertador con vida. Cuando retornó al palacio aquella madrugada, viendo los rastros sangrientos del atentado, abrazó fuertemente a Manuelita y, mirándola a los ojos, le dijo una frase que todavía retumba en los ecos de nuestra historia: “Tú eres la Libertadora del Libertador”.

 

 

 

 

La Campaña del Sur.

Batallas 1821-1824

 

En el año 1821, el Libertador fija su atención en el sur de Colombia y en la Capitanía General de Quito, designando al general Antonio José de Sucre como jefe de las tropas patriotas que estaban ubicadas en Pasto y Popayán, y como comisionado especial ante la Junta Suprema de Gobierno de Guayaquil.

 

Batalla de Carabobo

 

El 24 de junio de 1821 en Carabobo se enfrentaron el ejército realista del mariscal de campo Miguel de la Torre y el republicano comandado por Simón Bolívar y José Antonio Páez, entre otros, quienes, con su aguerrido ataque, obligaron a los batallones realistas a retirarse. Esta victoria patriota resultó decisiva para la liberación de Caracas y todo el territorio venezolano.

 

Batalla de Bomboná

 

El 7 de abril de 1822, en la falda del volcán Galeras, Colombia, Simón Bolívar libra la batalla de Bomboná en contra del coronel Basilio García. El general Pedro León Torres y su contundente carga de caballería, acompañados por el batallón de Rifles realizan una acción heroica que decide la batalla, dándoles completo dominio de la posición

y obligando a los realistas a retirarse.

 

Batalla de Pichincha

 

El combate comienza el 24 de mayo de 1822, cuando la Compañía de Cazadores de Paya ataca sorpresivamente a los realistas, luego se incorpora la División Peruana y los batallones Piura, Yaguachi Albión y Magdalena, comandados por el general Antonio José de Sucre, cuyas estrategias logran la retirada del bando realista. Con esta victoria Sucre logró la liberación definitiva del Ecuador.

 

Batalla Naval del lago de Maracaibo

 

Librada el 24 de julio de 1823, entre la flota republicana, dirigida por el general José Prudencio Padilla, y la flota realista, bajo el mando del capitán de Navío Ángel Laborde y Navarro. La flota patriota rompió fuego destruyendo varios buques realistas, lo que aseguró la victoria de los republicanos. Esta acción decisiva consolidó nuestra Independencia.

 

Batalla de Junín

 

Durante los primeros meses del año 1824, el general Antonio José de Sucre se encargó de organizar el ejército patriota, mientras Simón Bolívar se concentraba en consolidar política y administrativamente los territorios de Colombia y Ecuador. El 6 de agosto de 1824, el bando patriota se movilizó rápidamente para atacar al ejército realista, librando una de las últimas batallas de la campaña liberadora del Perú. Simón Bolívar ordenó el avance de la caballería. El general Miller y los Húsares de Colombia, al mando de José Laurencio Silva, sorprendieron a los realistas con la táctica venezolana del “¡Vuelvan caras!”.

 

Batalla de Ayacucho

 

El general de división Antonio José de Sucre, al mando del Ejército Unido Libertador del Perú, pone fin a la dominación española en América del Sur al derrotar a las fuerzas realistas el 9 de diciembre de 1824 en la meseta de Ayacucho. El ejército patriota no alcanzaba los seis mil soldados repartidos en cuatro divisiones: la división peruana, la 2a división de Colombia, la caballería republicana compuesta por los granaderos y los húsares de Colombia y la 1ª división de Colombia. Los realistas dominaban la altura del cerro Condorcunca, con más de nueve mil hombres, quienes iniciaron la ofensiva al atacar el flanco izquierdo de las tropas de Sucre. Las divisiones patriotas resistieron heroicamente el embate de las tropas realistas y los veteranos soldados neogranadinos salieron al paso destruyendo uno a uno los batallones realistas. De esta manera, en menos de cuatro horas de combate el ejército español se encontraba en desbandada y la victoria estaba asegurada. La campaña del Perú había finalizado.

 

 

 

Antonio de José de Sucre

El primer presidente de Bolivia

 

Inmediatamente después de Ayacucho, Antonio José de Sucre recibiría dos nombramientos capitales: el de general en jefe por parte del Congreso de Colombia, y el de Gran Mariscal de Ayacucho, emitido por el Congreso de Perú. En 1825, el mariscal Sucre movilizaría las provincias del Alto Perú, al sur del Cuzco, y convocando a una Asamblea General de representantes, sentaría las bases para la creación de Bolivia —nombre que hacía honor al libertador Bolívar—, el 6 de agosto de 1825. De esta nueva república Sucre será el presidente desde el 29 de diciembre de 1825 hasta el 18 de abril de 1828. Sin embargo, antes de culminar su mandato, experimentaría en carne propia la oposición flagelante en la ciudad de Chuquisaca, con un motín y el intento de asesinato. “Vuelvo a Colombia con el brazo derecho roto, por consecuencia de estos alborotos revolucionarios, y por instigaciones del Perú a quien he hecho tantos servicios, y de algunos bolivianos que tienen patria por mí”, le confesará a Bolívar el 18 de septiembre de 1828.

Como consecuencia de estos hechos Sucre renunció a la presidencia de Bolivia y regresó a Colombia. Uno de los tantos escollos por superar, luego de la victoria de Ayacucho, era el de definir el destino político del Alto Perú, cual había constituido antiguamente la Audiencia de Charcas, ligada a la jurisdicción del Virreinato de Lima. El mariscal Sucre participó aquí como figura clave para la resolución de esta prerrogativa y aceleró la conformación político-territorial de la actual Bolivia, aceptando el reto que le planteara expresamente Bolívar, redactor de la Constitución adoptada por la nueva república y quien declinó la Presidencia que los bolivianos le confirieron a favor del mariscal Sucre. El joven mariscal, a quien desagradaba vincularse, en tanto que militar, con los asuntos públicos, condicionó su aceptación: “Aceptaré la presidencia por sólo dos años y si logro dejaros bien constituidos, habré alcanzado mis honrosos deseos”, advertiría a los bolivianos.

 

Creación de Bolivia

6 de agosto de 1825

 

Tras la victoria de Antonio José de Sucre en la llanura de Ayacucho a finales de 1824, el dominio español terminaba en la América continental. Sin embargo, para los pueblos del Alto Perú quedaba la diatriba de unirse a las Provincias Unidas de Río de la Plata o a Perú. Finalmente, el 6 de agosto de 1825, fue declarada la Independencia del Alto Perú tanto de España, como de Perú y Buenos Aires, proclamándose Estado independiente. Mediante un decreto, cinco días después, se determinó que el nuevo Estado llevaría el nombre de Bolivia, en homenaje al Libertador Simón Bolívar.

 

Bolívar nombra a Sucre, comandante

de los ejércitos de Sur

 

Gracias a su talento personal, sus dotes intelectuales y su espíritu combativo Antonio José de Sucre fue nombrado comandante de los Ejércitos del Sur, el 11 de enero de 1821 en Bogotá, por el libertador Simón Bolívar, el cual veía en el joven general al hombre más capacitado para apoyarlo en las operaciones militares requeridas para la liberación de la Provincia de Quito. Campañas que llevarían al ejército libertador hasta Ayacucho para alcanzar la liberación de Perú.

 

Llevo la señal de ingratitud de los hombres

en un brazo roto

 

Mañana salen para Tomina ciento cincuenta soldados a perseguir los dispersos. Así quedará perfectamente tranquilo el país y restablecido de un escándalo de que todos están asombrados. Mientras tanto todo se compondrá, mi brazo derecho está roto y necesitaré tres meses de curación para usar de él. Será una fuerte lección para alejarme del servicio público (...) Mi herida impide que ejerza el Gobierno y lo delegué el mismo día 18 en el Consejo de Ministros conforme a la Constitución. No desempeñaré otro acto de la Presidencia que instalar el Congreso y leerle mi Mensaje. Pienso abreviar la reunión del Congreso. Adiós, mi querido General; por setiembre estaré en Quito, pero nadie me hará emplear en servicio público. Llevo la señal de la ingratitud de los hombres en un brazo roto, cuando hasta en la guerra de la Independencia pude salir sano”.

 

Carta de Sucre dirigida a Bolívar, luego del motín en Chuquisaca

27 de abril de 1828.

La Muerte de Sucre en Berruecos

4 de junio de 1830

 

Los rumores de planes conspirativos contra el mariscal Antonio José de Sucre eran evidentes, sus amigos estaban muy alarmados a causa de ciertos movimientos sospechosos y le aconsejaron que se dirigiera al puerto de Buenaventura y de allí a Guayaquil, pero Sucre no atendió al aviso y rehusó que lo acompañasen. El 2 de junio se detuvo en la casa de un antiguo realista llamado José Erazo. El día 3 del mismo mes arribó al lugar llamado Venta Quemada, donde se encontró de nuevo con Erazo, quien estaba acompañado de un bandido profesional llamado Juan Gregorio Zarría. Sucre tuvo el presentimiento del peligro que corría su vida y envió a sus dos ordenanzas para que montaran guardia toda la noche. A las ocho de la mañana del día 4 de junio se puso en marcha y se internó de nuevo en la selva cercana a la montaña de Berruecos, a cuarenta millas al norte de Pasto. No había andado aún dos millas cuando se oyó un disparo seguido de dos más. Una bala le atravesó el corazón y dos la cabeza. El mariscal Sucre cayó muerto en un fangal, su cuerpo permaneció en el barro hasta el día siguiente cuando los ordenanzas y otros viajeros y campesinos de la zona lo condujeron a un prado, donde cavaron su tumba y envolviéndolo en su capa lo inhumaron. Sólo quedó una cruz hecha de palos en el lugar, para señalar la sepultura de quien logró trascendentales victorias en Pichincha y Ayacucho, de aquel hombre que había sido el más leal al Libertador, que alcanzó la libertad de Ecuador y Perú, y condujo eficazmente las guerras por la Independencia americana, había muerto el fundador de Bolivia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fin de la Campaña del Sur

La Federación será el sepulcro de Colombia”

 

El Libertador anotará a principios de 1828 lo que era un presagio ineludible: “Después de diecisiete años de combates inauditos y de revoluciones, ha venido a parir nuestra madre patria a una hermana más cruel que Megera, más parricida que Júpiter y más sanguinaria que Belona: es la anarquía. La federación será el sepulcro de Colombia”. Y es que los tentáculos de la anarquía desafiaban su autoridad: de Caracas a Bogotá, de Guayaquil a Quito. La profunda crisis económica y las dificultades administrativas y de comunicación entre los departamentos miembros de la Unión —sin nombrar otras causas de orden social y político— fueron erosionando el proyecto unitario de Colombia. La proclamación de las Repúblicas de Venezuela y Nueva Granada, bajo la dirección de José Antonio Páez y de Francisco de Paula Santander respectivamente, enterraría el proyecto geopolítico de Bolívar. Lo que fuera el “sur” de Colombia, los departamentos de Quito, Guayaquil y Amuay, se constituirían ese mismo año en la República de Ecuador. No había límites para los rencores y los odios desenfrenados; los objetivos de la sedición estaban puestos en los baluartes de la unión colombiana: Sucre y Bolívar; el primero recibiría un atentando en la población boliviana de Chuquisaca el 18 de abril de 1828, movimiento insurreccional llevado a cabo por las fuerzas peruanas al mando de Agustín Gamarra; el segundo, meses más tarde, el 25 de septiembre de 1828 en la ciudad de Bogotá, sería objeto de un magnicidio en el propio palacio de gobierno, logrando salir con vida. Los dos titanes del proyecto colombiano armarán, en fin, su propios destinos. La amistad poderosa, afilada en los momentos más duros, señalará las últimas despedidas, las últimas esperanzas.

 

 

Última carta de Sucre al Libertador

 

Mi general: Cuando he ido casa de Vd. para acompañarlo, ya se había marchado. Acaso es esto un bien, pues me ha evitado el dolor de la más penosa despedida. Ahora mismo, comprimido mi corazón no sé qué decir a Vd. Mas no son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Vd.; Vd. los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. Lo conversaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa, y me linsojeo que Vd. me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en todas circunstancias merecerlo. Adiós, mi General, reciba Vd. por gaje de mi amistad las lágrimas que en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud. De su más fiel y apasionado amigo, A. J. de Sucre Bogotá, mayo 8 de 1830”.

 

Francisco de Paula Santander

(1792 – 1840)

 

Nació en Cúcuta (Colombia) el 2 de abril de 1792. Conocido como el Hombre de las Leyes, fue el prócer de la independencia de Colombia. Por los méritos alcanzados en las contiendas militares y sus virtudes como hombre de política le fue adjudicado el cargo de vicepresidente de la Gran Colombia en el período 1819-1826, mientras Simón Bolívar se encontraba luchando contra los realistas en la Campaña del Sur. En 1830, con la renuncia y posterior muerte del Libertador, la disolución de la Gran Colombia y la toma del poder por el sector civilista, fue llamado para asumir la Presidencia de la República de forma interina, tras la firma de la Constitución de 1832. Así mismo, fue restituido en sus honores y rangos militares, de los cuales había sido despojado luego del destierro al que fue condenado por ser sospechoso del atentado que sufrió el Libertador, el 27 de agosto de 1828. Su mandato interino finalizó el 1o de abril de 1833. Años más tarde cayó gravemente enfermo y falleció en la ciudad de Bogotá después de una larga agonía el 6 de mayo de 1840.

 

 

 

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