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La Segunda República

 Centro Nacional de Historia

A lo largo del año 1813, la República se recuperará de la desesperación y el terror generado por las tropas del general Domingo de Monteverde, Capitán General de la Provincia de Venezuela. Derrotar el ostracismo y la tiranía, la incapacidad y la rencilla, la disgregación y el desacato: serían los retos existenciales que a lo largo y ancho de 1813 tratarán de superarse. Era el grito de la patria el que convocaba al rescate para que pudiese completarse gloriosamente. Simón Bolívar y Santiago Mariño responderán a aquel llamado ineludible; el primero, avanzará desde la Nueva Granada; el segundo, desde los cayos del Golfo de Paria. Intento sin precedentes, estos dos caudillos enlazarían sus ímpetus desde occidente y el oriente venezolano, consiguiendo liberar el territorio en agosto de 1813. Frente a la liberación, y la obra de sus mejores hombres y mujeres, se desataría nuevamente las riendas del miedo. Al despuntar el año 1814, por las sabanas interminables y los llanos resplandecientes, José Tomás Boves (1782-1814) asumiría para sí mismo la tarea de desbaratar, por segunda vez, el sueño republicano. Alzando la bandera realista, Boves junto a su Legión Infernal sumirían a Venezuela en una guerra social encarnizada. Con la derrota, vendrá la emigración: el pánico, la muerte. La salida: comenzar desde cero la obra independentista.

 

Simón Bolívar

 

Nace en Caracas el 24 de julio de 1783. Hijo de la unión de Juan Vicente Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Sojo, pertenece a una de las familias más distinguidas y acaudaladas del mantuanaje caraqueño. Es una de las figuras más trascendentales de la historia americana y mundial, dotado como nadie con el genio de la reflexión y la acción. En 20 años de actividad a lo largo y ancho del continente, libertó a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, destruyendo no sólo militarmente a los ejércitos de España, sino creando las bases de las instituciones políticas y jurídicas de Hispanoamérica. Jefe supremo de los ejércitos republicanos se le conoce también con el título de El Libertador. En su pensamiento son claves el Manifiesto de Cartagena (1812), el Decreto de Guerra a Muerte (1813), la Carta de Jamaica (1815), el Discurso de Angostura (1819) y la Constitución de Bolivia (1826), entre un sinfín de proclamas y documentos donde expone su visión futurista del continente y su reflexión política. En éstas estarán presentes, imperiosamente, la conciencia revolucionaria del continente americano y la unidad que debía asumir para su liberación. En el ámbito militar su figura resalta en la Campaña Admirable (1813), la Expedición de Los Cayos de San Luis (1816), la Campaña del Virreinato de la Nueva Granada (1819), la batalla de Carabobo, donde se libera a Venezuela (1821) y la Campaña del Virreinato del Perú (1821-1824). Se le conocerá, en este sentido, como “el hombre de las dificultades”; decidido en la estrategia y más en la necesidad de la acción militar para obtener la victoria. En 1827, debido a rivalidades personales entre los generales de la revolución, estallan guerras civiles que desmoronaron la unión sudamericana por la cual había invertido toda su vida. Acorralado por guerras fraccionales y víctima de la tuberculosis, fallece el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, Colombia.

 

Juramento del Monte Sacro

 

En la primavera de 1805, Bolívar, contando 22 años de edad, iniciaría un viaje a Italia en el marco de una peregrinación que lo llevaría por varias ciudades europeas desde meses antes. Luego de coincidir con personalidades como Alejandro Von Humboldt en la ciudad de París, el joven caraqueño dirigirá su atención a tierras italianas. Estando en Milán el 26 de mayo, observaría de cerca la consagración política de Napoleón Bonaparte, suceso que lo influiría respecto al vínculo del héroe con las masas subalternas. El que había sido su maestro y amigo desde las primeras letras, Simón Rodríguez, sería su acompañante. Ambos ascenderían el Monte Aventino (Sacrum Montem) y en la cumbre reflexionarían sobre el destino de Venezuela y la opresión que la doblegaba. Teniendo como telón de fondo el imperio bonapartista y al racionalismo ilustrado, Bolívar juraría ante su maestro: “…que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

 

Simón Rodríguez

(1769 – 1854)

 

También conocido como Samuel Robinson, nació en Caracas el 28 de octubre de 1769. Su obra intelectual, que pendula de la filosofía a la pedagogía, de la sociología a la política, es una de las más influyentes de su tiempo en el orbe hispanoamericano. Hijo expósito, Rodríguez fue un insaciable autodidacta; a sus tempranos 22 años recibe el permiso del Cabildo de Caracas para impartir clases en la escuela de primeras letras para niños. Conocedor de la filosofía ilustrada europea, Rodríguez se convertirá en mentor de Simón Bolívar entre 1792 y 1796, hecho que marcará de por vida a este último. Junto con aquél, ascendería en Roma, Italia, al Monte Sacro el 15 de agosto de 1805, donde jura dedicar su vida a la causa independentista de Hispanoamérica. Peregrinaría por numerosos países americanos y europeos entre 1797 y 1823, dedicándose a la docencia y demás oficios. Entre sus obras más importantes están Sociedades americanas en 1828, Luces y virtudes sociales, El Libertador del mediodía de América 1830 y Críticas de las providencias de Gobierno, entre otras. Muere en Amotape, Perú, el 28 de febrero de 1854.

 

La Campaña Admirable

 

Luego de la pérdida de la Primera República el 25 de julio de 1812, Simón Bolívar se embarcaría en el mes de agosto a Curazao, prometiéndose volver a Venezuela para libertarla del oprobio español. Radicado desde el 14 de noviembre en Cartagena (actual Colombia), el joven caraqueño ofrecería sus servicios al ejército neogranadino, al igual que otros patriotas venezolanos desterrados. Bolívar asume la Comandancia de Barrancas y, para el 8 de enero de 1813, expulsa a las fuerzas realistas del Puerto de Ocaña y de toda la región del bajo Magdalena. Sin detenerse, conduce su tropa hacia la ciudad de San José de Cúcuta, liberándola el 28 de febrero de 1813. Al llegar estas noticias al Congreso Unido el 1° de marzo, Camilo Torres lo nombra brigadier de los Ejércitos de la Unión y ciudadano de la Nueva Granada. Entrando a San Antonio del Táchira, a comienzos de marzo de 1813, Bolívar mostraría todas las intenciones de seguir avanzando y reconquistar Venezuela. Luego de esperar dos meses la autorización del gobierno neogranadino para aquella empresa, obtiene de aquel el permiso de expedicionar solamente hasta la ciudad tachirense de La Grita. El 14 de mayo daría comienzo a lo que se conoce como Campaña Admirable, partiendo desde la población tachirense hasta la ciudad de Mérida, contando con una tropa de 600 soldados. Nueve días después y despejado de enemigos el camino, Bolívar entra victorioso a aquella ciudad andina el 23 de mayo, allí le es otorgado el título de el Libertador. El general en jefe del Ejército Libertador ocupa Trujillo a principios de junio, ciudad donde dictó el Decreto de Guerra a Muerte el 15 del mismo mes. De Trujillo, libera seguidamente a Guanare, Barinas y San Carlos en tan sólo 20 días. Con la ruta de los llanos centrales libre de fuerzas enemigas y tras ocupar Valencia, el Libertador entra victorioso en Caracas el 6 de agosto de 1813.

 

Manifiesto de Cartagena (15 de diciembre de 1812)

 

“La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente debe evitar los escollos que han destrozado a aquélla. A este efecto presento como una medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de Caracas. A primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizás impracticable; pero examinando atentamente con ojos previsivos, y una meditación profunda, es imposible desconocer su necesidad, como dejar de ponerlo en ejecución probada la utilidad.”

 

Decreto de Guerra a Muerte (Trujillo, 15 de junio de 1813)

 

Todo español que no conspire contra la tiranía a favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. (…) Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.”

 

 

Otorgamiento en Caracas del título de Libertador (14 de agosto de 1813)

 

La diputación de V.SS. me ha presentado la acta de 14 del corriente, que a nombre de los pueblos me trasmiten V.SS., con la debida recompensa a las victorias que he conseguido y han dado libertad a mi patria. He tenido, es verdad, el honor de conducir en el campo de batalla, soldados valientes, Jefes impertérritos y peritos, bastantes por sí solos a haber realizado la empresa memorable que felizmente han terminado nuestras armas. V.SS. me aclaman Capitán General de los ejércitos y Libertador de Venezuela: títulomás glorioso y satisfactorio para mí que el cetro de todos los imperios de la tierra; pero V.SS. deben considerar que el Congreso de la Nueva Granada, el Mariscal de Campo José Félix Ribas, el Coronel Atanasio Girardot, el Brigadier Rafael Urdaneta, el Comandante D’Elhuyar, el Comandante Elías y los demás oficiales señores, y no yo, merecen las recompensas con que a nombre de los pueblos quieren premiar V.SS. en mí, servicios que éstos han hecho. El honor que se me hace es tan superior a mi mérito, que no puedo contemplarle sin confusión.”

La Expedición de Chacachacare

 

La isla de Trinidad y Tobago serviría de refugio para un grupo venezolanos que, luego de escapar de las fuerzas de Domingo de Monteverde, deciden emprender una expedición marítima para retornar a Venezuela en enero de 1813. Santiago Mariño, Manuel Piar, Manuel Valdés, José Francisco Bermúdez, Juan Bautista Arismendi y Juan Bautista Bideau serían los principales líderes de esta empresa libertadora que tendría como punto de partida la isla de Chacachacare (cercana del golfo de Paria, estado Sucre), sumando en total 45 personas, en su mayoría mulatos venezolanos y franceses. La estrategia bélica de la expedición tendría como centro de operaciones la hacienda Chacachacare, perteneciente a Concepción Mariño; hermana del lider oriental.

 

El 11 de enero de 1813 se firmó el Acta de Chacachacare, documento que dio inicio a la Campaña de Oriente. Un día después los patriotas, al mando de Santiago Marino, lograron desembarcar en el pueblo de Güiria (estado Sucre) e iniciaron el contraataque contra las columnas realistas —lideradas por los oficiales españoles Francisco Javier Cervériz, Eusebio Antoñanzas, Antonio Zuazola, Lorenzo Fernández de la Hoz y Juan Manuel Cajigal y Niño— en la zona oriental de Venezuela. Luego de intensos combates entre enero y agosto de 1813, este contingente patriota, omando a Güiria y Maturín como plazas clave donde se organizaron los despliegues de sus fuerzas militares, alcanzó una serie de victorias considerables y logró la liberación de las provincias de Cumaná y Barcelona. Finalmente, para agosto de 1813 el oriente del país, a excepción de Guayana que permanecía fiel a la monarquía, se encontraba nuevamente bajo el dominio de la causa independentista.

 

No obstante, las fuerzas realistas no se encontraban derrotadas del todo; una gran masa de hombres y mujeres, acaudillada por José Tomás Boves, no reconocía a las autoridades republicanas; conformando una avanzada que pronto amenazó a los patriotas y determinó el destino de la Segunda República de Venezuela.

 

Acta de Chacachacare

(11 de enero de 1813)

 

«Violada por el jefe español D. Domingo Monteverde la capitulación que celebró con el ilustre general Miranda, el 25 de julio de 1812; y considerando que las garantías que se ofrecen en aquel solemne tratado se han convertido en cadalsos, cárceles, persecuciones y secuestros, que el mismo general Miranda, ha sido víctima de la perfidia de su adversario; (…), impulsados por un sentimiento de profundo patriotismo, resolvemos expedicionar sobre Venezuela, con el objeto de salvar esa patria de la dependencia española y restituirle la dignidad de nación que el tirano Monteverde y su terremoto le arrebataron. Mutuamente nos empeñamos nuestra palabra de caballeros de vencer o morir en tan gloriosa empresa; y de este compromiso ponemos a Dios y a nuestras espadas por testigo. Nombramos jefe Supremo con plenitud de facultades al coronel Santiago Mariño.»

 

 

 

Santiago Mariño

(1788-1854)

 

Nació en la población del Valle del Espíritu Santo, estado Nueva Esparta, el 25 de julio de 1788. Se desempeñó como general en jefe del Ejército de Venezuela durante la guerra de Independencia. Lideró la campaña de liberación del oriente de Venezuela (entre enero y junio de 1813) y venció al ejército realista de José Tomás Boves en la batalla de Bocachica (marzo de 1814). Participó activamente en las batallas de Carabobo y La Puerta, así como también en la expedición de Los Cayos en 1818 y en el combate de Cantaura en 1819. En 1826 apoya el movimiento separatista de La Cosiata, al lado del general José Antonio Páez, proceso que se consuma en 1830 con la separación de la Gran Colombia. Encabezó en 1835 el movimiento conocido como Revolución de las Reformas. Además de sus hazañas militares estuvo siempre ligado al ejercicio de la política, llegando a desempeñar cargos como el de diputado de la Provincia de Cumaná durante el segundo Congreso de Venezuela. Muere en el estado Aragua el 4 de abril de 1854.

La Batalla de la Victoria

 

En su esfuerzo por mantener viva la Segunda República el ejército republicano tenía en su camino un desafío ineludible: detener las tropas de José Tomás Boves provenientes de los valles de Aragua, las cuales amenazaban con invadir la ciudad de Caracas con más de 12 mil hombres. José Félix Ribas, nombrado por el Libertador, General de División de los Ejércitos de Venezuela, asume aquella responsabilidad sobre sus hombros. Cuenta para ello con tan sólo 5 mil hombres, entre ellos seminaristas y estudiantes de la Universidad de Caracas.

 

Llegando a la ciudad de La Victoria el 10 de febrero de 1814, Ribas dispone a sus hombres en la plaza central de la misma, organizándolos tácticamente en forma de cuadrícula: los hombres experimentados ocupan sitios más visibles, mientras que los jóvenes se atrincheran en improvisados muros y paredones, entre las instalaciones de la iglesia y las casas circunvecinas. Paciente, la milicia heroica de Ribas sólo esperaba la acometida salvaje, pero cuentan con algo a su favor: el atrincheramiento tenaz hacía difícil el ataque de la caballería, y los escombros y las barricadas desesperarían al enemigo. En el amanecer del 12 de febrero se inicia el combate. En el afán mortífero del enfrentamiento, la táctica de Ribas resulta efectiva, a juzgar por la cantidad de caídos realistas que, ciegamente y desesperados, se metían en las barricadas de la ciudad. Por cada cinco realistas moría un republicano. A las cuatro de la tarde, ya cuando las fuerzas atrincheradas de Ribas no se daban abasto, llega el refuerzo de Vicente Campo Elías y Antonio Ricaurte con 400 hombres de caballería provenientes de las afueras de San Mateo. En un segundo aire, las fuerzas patriotas rompen las líneas principales del enemigo. A las siete de la noche, en medio de aquel océano de sangre, los realistas huyen despavoridos en medio del desorden.

 

 

 

José Félix Ribas

(1775-1815)

 

Nace en la ciudad de Caracas el 19 de septiembre de 1775. Se desempeñó como general en jefe del Ejército de Venezuela durante la guerra de Independencia. Empezó su actividad republicana el 19 de abril de 1810, alentando a los vecinos para que participaran en los acontecimientos de aquel día. Durante la Independencia participó en numerosas batallas, pero el episodio más importante fue el de la batalla de La Victoria (12 de febrero de 1814), en el cual logró detener a las fuerzas realistas de José Tomás Boves, con unas tropas poco experimentadas, conformadas principalmente por jóvenes estudiantes y seminaristas que había logrado reclutar. Tuvo una participación activa en la batalla de Urica en diciembre de 1814, en la cual se perdió la Segunda República. Después de esta batalla, junto con Bermúdez, ofreció una resistencia heroica al general realista Francisco Tomás Morales en Maturín. Huyó con un sobrino y un criado, pero fue delatado por un esclavo llamado Concepción González. Fue capturado y asesinado el 31 de enero de 1815 en Tucupido (estado Guárico). Su cabeza, frita en aceite, fue enviada a Caracas, en donde se exhibió dentro de una jaula en el sitio de La Puerta, estado

Guárico.

 

Boves y su legión infernal

 

Venezuela no solamente arderá bajo las asesinatos y razias de Domingo de Monteverde, Francisco Cervériz, Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yáñez y Francisco Rosete; sin escrúpulos y alimentados por la venganza, esta pléyade del terror cometerá los más crueles asesinatos en todo el país. El fin: borrar con la muerte todo signo independentista. Pero por sobre ellos, un pulpero de origen asturiano, radicado en la población guariqueña de Calabozo, se convertiría en el caudillo más brutal de todos: José Tomás Boves (1782-1814). Reclutado por Eusebio Antoñanzas —enviado de Monteverde para enrolar prosélitos en su causa—, Boves entra en la dinámica del caudillaje a finales de 1812. Esclavizados y llaneros, pardos y mestizos, parecían iluminados por la actitud de aquel hombre: “…comía con ellos, dormía entre ellos, y ellos eran toda su diversión y entretenimientos, sabiendo que sólo así podía tenerlos a su devoción y contar con sus brazos para los combates…”, describe su lugarteniente Francisco Tomás Morales. Una identificación instantánea despierta Boves en sus hombres, la cual no haría sino agigantarse a su paso por los Llanos: autorizaba pillajes en los pueblos asaltados, repartía las tierras, cometía las más insólitas atrocidades. Así se perfilaba, en un avance inexorable hacia Caracas, la Legión Infernal de Boves, a comienzos de septiembre de 1813.

 

Testimonio sobre la crueldad realista

 

“En la noche siguiente a su entrada [a Valencia el 10 de julio de 1814] reunió todas las mujeres en un sarao y, entre tanto hizo recoger los hombres, que había tomado precauciones para que no se escaparan, y sacándolos fuera de la población los alanceaba como toros sin auxilio espiritual. (…) Las damas del baile se bebían las lágrimas y temblaban al oír las pisadas de las partidas de caballería, temiendo lo que sucedió, mientras que Boves con un látigo en la mano les hacía danzar el piquirico y otros sonecitos de la tierra a que era muy aficionado, sin que la molicie que ellos inspiran fuese capaz de ablandar aquel corazón de hierro. Duró la matanza algunas noches”…

 

Memorias del Regente Heredia.Caracas.

Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1986. Pp. 177-178.

La emigración a Oriente

 

Después de la derrota sufrida por el ejército patriota en La Puerta el 15 de junio de 1814, la pérdida de la Segunda República era ya un suceso ineludible. Teniendo a su favor el territorio de los valles centrales de Venezuela, José Tomás Boves avanzaba hacia Caracas. Simón Bolívar, viendo a su ejército diezmado por las constantes derrotas y deserciones, decide llevar a cabo la evacuación de la ciudad de Caracas hacia el oriente del país, pasando por las poblaciones de Capaya, Tacarigua de Mamporal, Río Chico, Cúpira, Sabana de Uchire, Guanape, Boca de Uchire, Clarines y Píritu. En efecto, en la mañana del 7 de julio de 1814 se inicia la agobiante emigración. Más de 20 mil almas, entre mujeres, hombres y niños, abandonan sus hogares y forman un cortejo que por más de 23 días sufrirían los embates de los pantanosos llanos orientales, además de la sed y el hambre. Durante la marcha, el Libertador cabalga en la retaguardia con la ayuda de escasos 1.200 soldados. Francisco Tomás Morales, lugarteniente de Boves, sería comisionado para darles caza a los republicanos y batirlos hasta la muerte. El general José Trinidad Morán ofrece un testimonio cercano al suceso: “Veinte mil almas de ambos sexos y de todas edades seguían nuestros pasos. Casi toda la emigración iba a pie y como el camino de la montaña de Capaya hacia Barcelona es lo más fragoso, consternaba ver a las señoras y niñas distinguidas, acostumbradas a las suavidades de la vida civilizada, marchar con el lodo a las rodillas sacando las fuerzas de la flaqueza, para salvar su honor y su vida, amenazados por la horda de facinerosos que acaudilla Boves”. Muchas familias caraqueñas se encontraban en aquella travesía infernal. Cuando llegaron a La Pica, un grupo decidió continuar por el “camino de afuera”, pasando por Cúpira a Sabana de Uchire, y de allí a Clarines por Guanape. Un segundo grupo, que decidió realizar la travesía por “el camino de la costa”, fue atacado en la orilla del mar por barcos españoles que los cañonearon matando a gran parte de ellos. Otros lograrían escapar hacia las Antillas; los menos, se refugiarían en las serranías de la costa.

 

Una reflexión desde el exilio

 

Acabado el segundo ensayo republicano, Bolívar intenta impulsar una nueva campaña militar para liberar de Venezuela desde la Nueva Granda. Al ver frustrados sus planes se radica en la isla de Jamaica, donde defiende el derecho de los americanos a la Independencia y señala: El hábito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno; no obstante que la inconducta de nuestros dominadores relajaba esta simpatía; o, por mejor decir, este apego forzado por el imperio de la dominación. Al presente sucede lo contrario; la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos: todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria.”

 

Simón Bolívar, Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla (Carta de Jamaica)

Kingston, 6 de septiembre de 1815.

La Liberación de Venezuela y la Creación de Colombia

 

Durante la guerra de Independencia de Venezuela, en el período comprendido entre 1815 y 1821, la actuación de las fuerzas patriotas comandadas por Simón Bolívar puede caracterizarse en seis grandes momentos que determinaron los últimos años de la gesta libertaria iniciada el 19 de abril de 1810. En primer lugar, la organización de expediciones navales que tuvieron como objetivo la incursión en el territorio venezolano luego de la caída de la Segunda República en 1814. En segundo lugar la ocupación paulatina del oriente del país y la consolidación de los republicanos en la provincia de Guayana en 1817. Una tercera etapa que se inició con el despliegue hacia los llanos occidentales y los esfuerzos de unificar los ejércitos patriotas esparcidos en el territorio. Seguidamente, la reunión del Congreso de Angostura y la definición de estatutos políticos y jurídicos de la República de Colombia, vinculado estrechamente con un quinto episodio: el paso de los Andes y el rescate de la Nueva Granada con la decisiva victoria patriota en Boyacá en 1819. Por último, el regreso del contingente a Venezuela y la victoria final en el campo de Carabobo el 24 de junio de 1821; episodio que selló la Independencia de nuestro país, y a la vez permitió la liberación de los pueblos de Ecuador, Perú y Bolivia y la expulsión definitiva del enemigo español de la América del Sur con el triunfo en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.


Expedición de los Cayos de San Luís

diciembre de 1815- julio de 1816

 

A fines de 1815, aunque la situación se vislumbraba poco esperanzadora para la causa independentista, no todo estaba perdido. En la isla de Haití, Simón Bolívar recibiría el apoyo político y militar del presidente Alejandro Petión para preparar una expedición que tenía como objetivo invadir a Venezuela, apoyar a las fuerzas de resistencia que se mantenían en el territorio, expulsar al enemigo español y restaurar la República.

 

 

La expedición

 

El 31 de marzo de 1816 un ejército de 250 hombres integrado por Bolívar, Luis Brión, Mariano Montilla y Santiago Mariño, entre otros, zarpó desde Los Cayos de San Luis (ubicados al sur de Haití), desembarcando en la isla de Margarita el 3 de mayo. De inmediato Bolívar fue designado jefe supremo de la República y las fuerzas republicanas fueron reorganizadas para iniciar una campaña terrestre desde diversos puntos del oriente y occidente del país.

 

En tierra firme

 

Carúpano (actual estado Sucre) fue la primera ciudad liberada por los patriotas el 1° de junio de 1816. Desde allí Bolívar promulgó, “Considerando que la justicia, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza” el primer decreto de libertad de los esclavizados y ordenó el traslado de dos divisiones hacia Güiria y Maturín —comandadas por Santiago Mariño y Manuel Piar respectivamente— que tenían como misión asegurar el dominio del ejército republicano en el oriente del país. Por su parte, Bolívar se embarcó con destino al occidente a fin de abrir un frente de acción que paulatinamente permitiese el ingreso a los valles de Caracas.

 

Un líder cuestionado

 

A mediados de julio de 1816, el jefe realista Francisco Tomás Morales había logrado contener exitosamente el avance republicano. Las constantes derrotas obligaron a Bolívar a embarcarse hacia el oriente venezolano, donde Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez le recriminaron el fracaso de la expedición y desconocieron su autoridad. Comprometido el éxito de la campaña, el Libertador volvió el 23 de agosto de 1816 a Haití, decidido a organizar una nueva expedición hacia Venezuela y continuar la lucha por la Independencia.

 

Ayuda de Haití a la expedición de Bolívar

 

El 2 de enero de 1816, Simón Bolívar se entrevistó por primera vez con el presidente de Haití, Alejandro Petión en el Palacio Presidencial de Puerto Príncipe. A partir de este momento, el prócer haitiano ofreció todo su apoyo a las expediciones libertarias organizadas por el Libertador, quien —admirado por los alcances de la revolución haitiana— prometió la liberación de todos los esclavizados de los territorios reconquistados por los patriotas venezolanos.

 

 

Abolición de la esclavitud

(2 de junio de 1816)

 

A mediados de 1816, los expedicionarios patriotas se encontraban en el territorio venezolano dispuestos seguir la lucha por la libertad. Simón Bolívar, consciente de que este objetivo no podría cumplirse si no se aseguraba el respaldo de amplios sectores de la sociedad, fue fiel a la promesa hecha a Petión y promulgó, el 2 de junio, un decreto que contemplaba la libertad de los esclavizados, incorporándolos así a la lucha y haciendo de la Independencia una causa popular.

 

Desembarco en Ocumare de la Costa

6 de julio de 1816

 

Para mayo de 1816, aunque los hombres de la expedición de los Cayos esperaban en Venezuela dispuestos a combatir a las tropas monárquicas, los planes de acción en tierra firme no estaban definidos. Cualquier incursión debía estudiarse con detalle porque, salvo los focos de resistencia en la isla de Margarita, una parte de los llanos occidentales y poblados orientales, el territorio se encontraba bajo control de las fuerzas realistas comandadas por el jefe español Pablo Morillo.

 

La ruta a seguir

 

Al evaluar la situación, la primera propuesta del Libertador consistió en iniciar las acciones desde Guayana; opción descartada por el almirante Luis Brión, quien consideró que la escasez de víveres imposibilitaría el traslado hacia el puerto de Angostura. Ante la negativa, Bolívar eligió la ciudad de Carúpano como punto inicial para la campaña. No obstante, la propuesta no recibiría todo el apoyo requerido y la unidad entre las fuerzas patriotas comenzaría a mostrar las primeras fisuras.

 

Caracas el objetivo final

Llegado el momento, el liderazgo del Libertador fue cuestionado por Juan Bautista Arismendi quien, decidido a no abandonar la isla de Margarita, se opuso a que sus hombres se incorporasen a la lucha en tierra firme. A pesar de las adversidades, Bolívar no cesó en su empeño de liberar Venezuela, señalando en su momento al general Arismendi: “Voy a desembarcar a la costa de Ocumare a la cabeza de 1.000 hombres, y antes de ocho días tomaré la capital”. Luego de vencer en Carúpano, los soldados comandados por Bolívar llegaron a Ocumare; lugar donde éste ratificó la abolición de la esclavitud, el 6 de julio de 1816, declaró el cese de la guerra a muerte y encargó a Gregor Mac Gregor, Carlos Soublette y José Antonio Anzoátegui controlar la región central del país. La dispersión de las tropas republicanas y el constante asedio del realista Morales imposibilitó la marcha hacia Caracas, postergando así los planes dispuestos.

 

Armando con un machete a disposición del comandante de insurgencia

 

Contando con 60 años de edad para el año de 1817, Valentín Pantoja se dedicaba desde temprana edad al oficio de pescador en las costas de Choroní, estado Aragua, de donde era natural y vecino. Se conoce que para el año de 1816, cuando Simón Bolívar llegó a la costa de Ocumare durante la primera Expedición de los Cayos, se presentó voluntariamente con un machete y se puso a las órdenes de las fuerzas patriotas. Con su presencia colaboró decididamente a la causa republicana trasladando víveres y los insumos necesarios para las tropas insurgentes. Por esta colaboración las autoridades españolas iniciaron un proceso judicial en contra de Pantoja el 11 de enero de 1817. Fue apresado y trasladado a diferentes cárceles mientras se le dictaminaba una sentencia. De las Bóvedas del Puerto de La Guaira fue enviado a la ciudad de Caracas y de ahí a la Cárcel Real de Choroní.

 

“Autos contra Valentín Pantoja, natural y vecino de Choroní, pescador, por el delito de infidencia (1817)”, AGN, Causas de Infidencia, t. XX I, exp. 6, fs. 49-114.

 

Campaña de Guayana

finales de 1816-medianos de 1817

 

A principios de 1817, Simón Bolívar ya se encontraba de nuevo en territorio venezolano dispuesto a retomar el mando de las fuerzas patriotas y enfrentar, en un frente unido, a las tropas realistas. Para tal fin resultaba necesario que los republicanos controlasen el área comprendida entre Angostura (actual estado Bolívar) y Guayana porque, una vez dominado el oriente venezolano, aseguradas las salidas al mar Caribe y la navegación del río Orinoco, la causa independentista podría avanzar hacia el occidente y plantear la lucha en una posición de ventaja que determinaría la victoria final.

 

Barcelona defendida

 

Una de las primeras previsiones que tomó Bolívar fue instalarse en la ciudad de Barcelona (actual estado Anzoátegui), donde planificó la marcha hacia la ciudad de Caracas. Sin embargo, el constante asecho de las fuerzas realistas desde los llanos centrales fue motivo suficiente para replantear los objetivos. Fue así como el Libertador optó por la protección del la entrada hacia el oriente, ordenando la construcción de un campo atrincherado en el casco central de Barcelona que resguardase todo el armamento y provisiones disponibles en el convento de San Francisco, el cual fue convertido en casa fuerte. Para 8 de febrero de 1817, unos 4.000 hombres al servicio del rey se abalanzaron contra Barcelona, pero el decidido rechazo de las fuerzas patriotas —que para el momento no superaban los 600 soldados— además de la inminente llegada de refuerzos comandados por Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez, forzó la suspensión de los ataques y el retiro del contingente realista.

 

El inicio de la campaña

 

Luego de los sucesos de Barcelona, Mariño y Bermúdez optaron por reconocer la autoridad del Libertador y unir fuerzas. No obstante, los 2.800 hombres que integraban el ejército patriota eran superados en número por los españoles. De inmediato, los patriotas comprendieron que la liberación de Venezuela dependía del dominio de Angostura. Para el 25 de marzo de 1817, Bolívar salió de Barcelona, acompañado de 15 oficiales, rumbo al Orinoco para entrevistarse con Manuel Piar y afinar los detalles sobre la incursión de las fuerzas leales.

 

La huida realista

 

Luego de la victoria patriota en la Batalla de San Félix, el brigadier español Miguel de la Torre emprendió la retirada y se refugió en Angostura. Sin embargo, la entrada de una flota comandada por el almirante Luis Brión, y el riguroso sitio impuesto por Bolívar, obligó al oficial realista a evacuar la ciudad entre el 17 y 18 de julio de 1817. Al poco tiempo, el último reducto de las tropas del rey se vio forzada a huir hacia la isla de Granada, pero mientras recorrían el Orinoco fueron atacados por los republicanos el 3 de agosto en el combate naval de Cabrián; una batalla que determinó el fin de la Campaña de Guayana y el inicio de la consolidación definitiva de los patriotas en el territorio venezolano.

 

Batalla de San Félix

11 de abril de 1817

 

El 28 de diciembre de 1816, Simón Bolívar regresó a Venezuela procedente de Jacmel (Haití) con la firme intención de seguir enfrentando al enemigo español y establecer un centro de operaciones permanente que permitiese el despliegue de las fuerzas patriotas y la consolidación de un frente de lucha coherente y unido. Angostura (actual Ciudad Bolívar), que ofrecía las condiciones estratégicas necesarias para cumplir los objetivos, fue escogida por el Libertador como el enclave de los independentistas.

 

Una ciudad asediada

 

A comienzos del año 1817, el oriente venezolano fue el escenario de una intensa actividad de guerra. En el momento que Bolívar intentaba avanzar hacia Caracas vía Clarines, y Mariño en compañía de Antonio José de Sucre atacaba infructuosamente Cumaná (actual estado Sucre), Manuel Piar buscaba la forma de vencer las defensas del coronel realista Lorenzo Fitzgerald y tomar la ciudad de Angostura. Viendo imposibilitada una acción directa, y siendo ineficaces los esfuerzos por sitiar la plaza, Piar decidió cambiar la estrategia. El 24 de enero salió rumbo a las misiones del Caroní y bloqueó la principal fuente de suministros, dificultando de esta forma que los realistas pudieran defender por más tiempo la capital de la Provincia de Guayana.

 

 

Manuel Piar (1774-1817)

 

Manuel Piar nació en Willemstad (Curazao) el 28 de abril de 1774. Siendo un joven participó en la conspiración de Gual y España. En 1813 integró la expedición de Chacachacare y, a partir de 1816, con sus victorias en las batallas del Juncal (27 de septiembre de 1816) y San Félix (11 de abril de 1817), contribuyó a la consolidación de los patriotas en la provincia de Guayana. A mediados del año 1817, Piar cuestionó la autoridad única de Simón Bolívar e incitó constantemente a los pardos a unirse a un ejército que combatiese el liderazgo de los blancos mantuanos; estas acciones fueron consideradas por el Libertador como de alta traición, ordenando de inmediato la captura el Piar. El general Manuel Cedeño logró apresar a Piar en Aragua de Maturín y conducirlo al cuartel general en Angostura, donde fue procesado y se le consideró culpable de insubordinación a la autoridad suprema, sedición y deserción. Por lo cual fue condenado a muerte y fusilado el 16 de octubre de 1817, en las adyacencias de la catedral de Angostura.

 

 

Congreso de Cariaco

 

Entre los días 8 y 9 de mayo de 1817, se instaló en la ciudad de San Felipe de Cariaco una asamblea de gobierno, mejor conocida como Congresillo de Cariaco. Esta iniciativa —ideada originalmente por el presbítero José Cortés de Madariaga— fue impulsada y promovida por Santiago Mariño quien, sin consultar al jefe supremo de la República, el general Simón Bolívar, pretendió restablecer la Constitución de 1811, e instaurar el sistema federal que contribuyó a la caída de la Primera República.

 

Acta del Congreso de Cariaco (extracto)

 

“Nosotros los Representantes de los Estados Unidos de Venezuela (...) después de madura deliberación y obedeciendo á nuestra libre voluntad; declaramos: Que desde este día reasumimos el carácter nacional representativo á que hemos sido restituidos por el eminente General Santiago Marino, procediendo éste en nombre del Jefe Supremo de la república, el digno ciudadano Simón Bolívar y en el suyo propio, como segundo Jefe encargado al presente de las riendas del Gobierno. Y hacemos saber á todo el pueblo de la Confederación, invocando al Ser Supremo como testigo de la pureza y honradez de nuestras intenciones, que desde hoy se halla restablecido el Gobierno Federal de la República de Venezuela, en sus tres departamentos legislativo, ejecutivo y judicial, para el debido despacho de los negociados que respectivamente les corresponden.” > Memorias del General O’Leary. Caracas, Ministerio de la Defensa, 1981, t. XV, pp. 253-255.

 

 

Las siete estrellas del tricolor patrio

(12 mayo de 1817)

 

Una vez establecido, en la ciudad de Pampatar (estado Nueva Esparta), el Gobierno Federal emanado del Congreso de Cariaco promulgó, el 12 de mayo de 1817, la utilización del tricolor como bandera nacional y la incorporación —en la franja amarilla— de siete estrellas que representaban a las provincias de Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo, que proclamaron la Independencia el 5 de julio de 1811 y conformaron la República de Venezuela.

 

Campaña del Centro o la reconquista de los llanos

enero-junio de 1818

 

A finales de 1817, Bolívar buscaba consolidar las posiciones patriotas en el occidente del país y abrir paso hacia Caracas. En este sentido, los avances alcanzados por José Antonio Páez en los llanos venezolanos (específicamente en el territorio comprendido entre el río Meta y el río Apure), ofrecían una posibilidad de consolidar un frente de acción conjunto que se opusiese al ejército real comandado por el jefe español Pablo Morillo, asegurar el avance hacia la ciudad capital y restituir la libertad en el territorio venezolano.

 

El encuentro

 

Bolívar lideró la movilización de su ejército hacia el Apure y luego de un extenso recorrido de 900 km, el contingente logró atravesar el Arauca permitiendo que el Libertador y el líder llanero José Antonio Páez se reuniesen por primera vez en el hato Cañafístolo, el 31 de enero de 1818. En el encuentro Páez, dando nuestras de una fidelidad que resultó efímera, se subordinó a la autoridad de Bolívar.

 

Hacia Caracas

 

Para el 10 de febrero de 1818, el ejército patriota, que contaba con .000 hombres, marchó hacia Calabozo donde Morillo permanecía resguardado en su cuartel general. A mediados de mes, asediados por los republicanos, los realistas se replegaron hacia los valles de Aragua, donde fueron perseguidos por Bolívar que ocupó El Sombrero el 17 de febrero. Seguidamente Páez regresó para continuar las operaciones en Apure, y el Libertador se dirigió a Calabozo a preparar una avanzada final hacia Caracas. El 16 de marzo, ambos ejércitos se encontraron en la quebrada La puerta en las adyacencias de San Juan de los Morros, enfrentándose en la batalla de Semen, que significó una dura derrota para los republicanos, el término de la Campaña el Centro y de los planes de tomar la ciudad de Caracas. Bolívar emprendió su regreso a Angostura, el 5 de junio de 1818, determinado a fortalecer el ejército republicano y planificar una ofensiva contra el enclave realista en la Nueva Granada.

 

 

Atentado al Libertador en el rincón de los Toros

(17 de abril de 1818)

 

A principios de abril de 1818, el Libertador se encontraba en San José de Tiznados (estado Guárico) reorganizando a las fuerzas patriotas. El día 16, decidió acampar en un hato cercano, conocido como Rincón de los Toros, pero su ubicación fue revelada y el capitán realista Tomás Renovales atacó el lugar al día siguiente. Bolívar, fracasado el atentado, pudo escapar y regresar a Apure dispuesto a continuar la lucha.

 

 

Pedro Zaraza (1775-1825)

 

Nació en 1775 en el poblado de Chaguaramas (estado Guárico). En la guerra de Independencia se destacó por su participación en la batalla de Urica de 1814; donde le dio muerte al realista José Tomás Boves. Al año siguiente enfrentó al ejército de Pablo Morillo en el oriente del país, y para 1817 se encargó de la organización de las tropas republicanas. A partir de 1821 combatió a las guerrillas realistas. Falleció en Caracas el 28 de julio de 1825.

Las Queseras del Medio

2 de abril de 1819

 

En las tierras del Arauca, estado Apure, José Antonio Páez y un grupo de 150 llaneros realizarían, el 2 de abril de 1819, la acción militar conocida como las Queseras del Medio. Páez, cruzando al margen izquierdo del brioso río, movilizaría su tropa en dos columnas para dar frente a las fuerzas realistas conducidas por el general Pablo Morillo. Éste se sorprendería de dos cosas: observar el valor de la caballería republicana al cruzar las aguas del río; y ver el poco número de efectivos con los cuales procuraban darle combate a sus casi 2 mil hombres. El general español, sintiéndose confiado por su superioridad numérica, da la orden de ataque a la caballería. Del lado republicano, el plan era provocar al enemigo y esperar que se les acercaran lo más posible. Páez ordenaría la retirada nuevamente hacia las riberas del Arauca, dando a entender que estaban derrotados. Sin embargo, con el grito: “¡Vuelvan caras!”, los 150 llaneros se voltearían de improviso para enfrentar el ataque. Entonces, rápidamente se dividirían en siete escuadras, y con las lanzas afiladas sembrarían el terror al ejército enemigo. Entre el desconcierto y la confusión, el ejército español caería en pánico, careciendo del tiempo suficiente para ordenarse. Morillo huiría en retirada hacia Achaguas (actual estado Apure) con el resto de sus hombres. En aquella ocasión se evidenciaría la crucial importancia que comenzarían a tener los lanceros venezolanos en la guerra de emancipación, relevancia que se extendería muy pronto hacia todo el continente. “Antes de ayer el general Páez ha logrado un golpe admirable sobre Morillo y que pudo haber sido completamente decisivo si la noche no lo hubiera ocultado a nuestras lanzas (…) ciento y cincuenta valientes mandados por el general Páez no podían solos destruir todo un ejército estando nuestras tropas con el Arauca por medio”, apuntará Bolívar el 4 de abril de 1819. El Libertador condecoraría a aquellos valientes con la Cruz de los Libertadores.

 

 

José Antonio Páez

(1790 – 1873)

 

Nace en Curpa, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790. A partir de 1810, Páez participa en el escuadrón de caballería de Manuel Antonio Pulido. En los azares de la caída de la Primera República y el restablecimiento de la Segunda República en 1813, se decide por la causa patriota teniendo una crucial ascendencia en las tropas llaneras. Para 1816, Páez sumaría importantes victorias para el bando republicano, y se autoproclamaría jefe de los cuerpos militares de Apure. En enero de 1818, reconocería la autoridad de Simón Bolívar como jefe de la causa independentista. El caraqueño lo nombraría general de División a principios de 1819, año en el cual obtendrá la victoria descollante en las Queseras del Medio. Luego del triunfo de Carabobo, el 24 de junio de 1821, recibiría en manos del Libertador el título de general en jefe en el campo de batalla. En 1826, como jefe civil y militar de Venezuela, lideraría el movimiento separatista de la Gran Colombia, conocido como La Cosiata. Luego de la separación de la unión colombiana, Páez sería nombrado presidente de Venezuela en 1830. Iniciaría desde entonces su larga carrera política, siendo su último hito importante el de 1861, donde se autoproclama dictador. Desterrado del país en 1863, José Antonio Páez moriría en Nueva York, el 6 de mayo de 1873.

Congreso de angostura

15 de febrero de 1819

 

El 15 de febrero de 1819, en medio de notorias rivalidades impulsadas por la disidencia oriental entre Santiago Mariño, Juan Bautista Arismendi y José Francisco Bermúdez; aunado al devastador avance de las fuerzas realistas del jefe español Pablo Morillo hacia el centro del país, el Libertador decidió convocar en Angostura (actual Ciudad Bolívar), el segundo gran Congreso nacional después del instalado en Caracas el 2 de marzo de 1811.

 

Las provincias reunidas

 

En este Congreso se reunieron representaciones de todas las provincias que estaban en poder de los republicanos. Para el momento, Bolívar estaba convencido de que Venezuela ya se encontraba con el derecho jurídico y natural de afirmarse como nación soberana y República independiente, y ejercer su capacidad legislativa.

De esta manera, según el Libertador se fortalecía el régimen republicano ante la mirada del imperio español, que aún aspiraba remontar su empresa invasora. Caracas, Barcelona, Cumaná, Guayana, Margarita y Barinas, serían las provincias llamadas a participar de este nuevo proyecto bolivariano. Los territorios de Mérida, Trujillo y Casanare (Nueva Granada) también se contemplaron como posibles representaciones en tan importante encuentro.

 

Santo Tomás de Angostura

 

A principios de 1819, la Provincia de Guayana era el centro de operaciones de los patriotas y la ciudad de Santo Tomás de Angostura (ciudad Bolívar), la sede del gobierno y la capital de la República de Venezuela. En este lugar, que recibe su nombre por ubicarse en el punto más estrecho del río Orinoco, el Congreso sancionó, el 15 de agosto de 1819, la segunda Constitución de la República de Venezuela.

 

 

Correo del Orinoco

 

Fundado el 27 de junio de 1818 como órgano de difusión de las ideas republicanas, con el fin de contrarrestar la campaña antipatriótica que realizaba la Gazeta de Caracas dirigida por José Domingo Díaz. De esta manera, durante los cuatro años que estuvo en circulación, se dedicó a explicar los ideales republicanos y la importancia del triunfo de su causa, no sólo para Venezuela sino para el resto de América.

 

 

 

Discurso de Angostura

(fragmento)

 

...todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del pueblo en un todo; la composición del gobierno en un todo; la legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla; nuestra Constitución ha dividido los poderes, enlacémoslos para unirlos (…) El progreso de la luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces. La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades (…) renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad.”

Simón Bolívar, Discurso de Angostura, 15 de febrero de 1819.

 

Ley Fundamental de la Republica de Colombia

(17 de diciembre de 1819)

 

El Congreso de Venezuela, reunido en la ciudad de Angostura desde febrero de 1819, decretó el 17 de diciembre de ese año la Ley Fundamental de la República de Colombia; una herramienta jurídica que dio origen a la República de Colombia (conocida como la Gran Colombia), la cual estaba conformada por los territorios de la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada. Esta nación, que según los legisladores tenía “...todas las proporciones y medios de elevarse al más alto grado de poder y prosperidad”, estuvo divida en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca, cuyas capitales fueron Caracas, Quito y Bogotá, respectivamente. Igualmente, en la Ley se estipulaba que el Congreso eligiese un presidente encargado del Poder Ejecutivo, así como la designación de una Administración

Superior por departamento y un jefe regional que recibió el título de vicepresidente. Finalmente, el artículo 8 aseguraba la continuidad institucional con la convocatoria de un Congreso que tendría lugar el día 1° de enero de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta.

 

Liberación de la Nueva Granada.

batalla de Boyacá

7 de agosto de 1819

 

En abril de 1819, Simón Bolívar decidió dirigirse al occidente del país con la idea de consolidar, con el apoyo de los neogranadinos, un frente de acción conjunta que permitiese hacerle frente a las posiciones del jefe realista Pablo Morillo. Luego de establecerse en el poblado de Mantecal (actual estado Apure) y convocar un consejo de oficiales donde expuso la necesidad de orientar las operaciones hacia la Nueva Granada, el Libertador dio inicio al paso de los Andes el 27 de mayo de 1819. Para tal fin el Libertador incorporó las tropas apostadas en la llanura de Casanare y luego de atravesar el páramo de Pisba, venció a los realistas en la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819. El 7 de agosto unos 2.700 hombres liderados por Bolívar y divididos en dos frentes comandados por José Antonio Anzoátegui y Francisco de Paula Santander, se enfrentaron a las fuerzas realistas dirigidas por el general José María Barreiro en el puente de Boyacá. La victoria de los patriotas en Boyacá abrió paso a la liberación de la Nueva Granada, la Independencia de Venezuela y la expulsión definitiva de los ejércitos españoles de la América del Sur.

 

Campaña de Carabobo

abril-junio de 1821

 

Luego de la victoria en Boyacá, el Libertador y su ejército habían puesto a Bogotá y a Cundinamarca bajo el dominio patriota. Sin embargo, la situación económica y militar de la República era precaria. En Venezuela, mientras los patriotas solamente dominaban Margarita y Maturín al este del país, y San Cristóbal, Mérida y parte de Trujillo al oeste. Al sur conservaban el dominio de la Provincia de Guayana y el inmenso Apure; en el centro del país se agrupaba el ejército español —de unos 14.000 hombres— bajo la dirección del General Pablo Morillo y el General Miguel de La Torre, quien lo secundaba. Bolívar, aguardando en Trujillo, se daba cuenta de que un avance contundente del ejército español hacia Cúcuta podía llevar de nuevo a la pérdida de Cundinamarca. Colombia carecía de un ejército sólido que la defendiera allí donde el enemigo era más fuerte: en Venezuela.

 

El armisticio

 

El tratado de armisticio se firmó el 25 de noviembre de 1820, en Trujillo. En las comunicaciones entre el Libertador y Morillo se disponía que la República enviase a España sus representantes plenipotenciarios a negociar con el gobierno peninsular un cese definitivo de la guerra. La condición irrenunciable de toda negociación de paz, enfatizó Bolívar, sería el reconocimiento previo por parte de España de la independencia y soberanía de Colombia. Pero un suceso inesperado perturbó la paz temporal del armisticio y, a partir de enero de 1821, se reanudaron las hostilidades, haciendo inminente un enfrentamiento decisivo entre patriotas y realistas.

 

El combate final

 

El 23 de junio de 1821, Bolívar pasará revista al Ejército Libertador en la llanura de Taguanes. El contingente estará conformado por tres divisiones: Primera División (vanguardia), al mando de Páez; Segunda División (centro), al mando de Manuel Cedeño y Tercera División (reserva), al mando de Ambrosio Plaza. La división de vanguardia consta de dos batallones de infantería y siete regimientos de caballería. Uno de los batallones es el Bravos de Apure, y el otro el Cazadores Británicos, el cual será rebautizado como Batallón Carabobo después de la batalla. El Correo Extraordinario del Orinoco publicaría en Angostura, la mañana del miércoles 25 de julio, el parte de Carabobo dirigido por Bolívar al Congreso de Colombia: “Excelentísimo Señor.- Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia (…) El ejército español pasaba de 6.000 hombres, compuesto de lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército dejó de serlo: 400 hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello. El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo; pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos (…) Acepte el Congreso Soberano, en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla”. El mariscal Miguel de La Torre permanecería en Venezuela, hasta julio de 1822, atrincherado en PuertoCabello, cuando fue transferido a Puerto Rico, dejando los restos del ejército español al mando de Morales. Éste no capitularía sino hasta agosto de 1823, luego de la derrota naval en el Lago de Maracaibo el 24 de julio, que selló definitivamente la Independencia de Venezuela.

 

Pedro Camejo

(1790-1821)

 

Nace en San Juan de Payara, estado Apure, en 1790. Sería oficial de caballería del ejército venezolano en la guerra de Independencia. En la historiografía se le inmortalizó con el apodo de Negro Primero, gracias a la bravía con la cual lideraba la caballería y la destreza con la lanza en la lucha cuerpo a cuerpo. Camejo, hombre del pueblo, tendría la audacia chispeante del guerrero. En 1816 se alistó en la escuadra de José Antonio Páez, en Apure, con el cargo de teniente. Dos años más tarde se entrevistaría con el Libertador durante la Campaña del Centro. En la batalla de las Queseras del Medio tendría capital importancia, siendo uno de los 150 lanceros que derrotaron a Morillo en abril de 1819. En la llanura de Carabobo sería integrante de un regimiento de caballería comandado por Páez; el 24 de junio de 1821, día crucial para nuestra independencia, el Negro Primero perdería la vida.

 

 

 

 

 

Morillo: “en su terreno son una fierras resultas”

 

En Caracas al instante desenvainaron las espadas (…) Quizás no hubieran presentado una destinada resistencia los habitantes de este virreinato, si no hubiese venezolanos. Cartagena resistió hasta lo imposible por los venezolanos. En la derecha del Magdalena se han dado ya varias batallas a tropas organizadas por venezolanos; en la fragosa y estéril provincia de Antioquia ha declarado dos veces la guerra a muerte y tienen lo pasos fortificados con inteligencia por venezolanos: Santa Fe fue sometida y recibió las ideas sangrientas por los mismos que habían logrado partido con emisarios que enviaron de Caracas. Todo Excelentísimo Señor es obra de los venezolanos. En su terreno son unas fieras resueltas, y que si llegan a ser bien mandados darán que hacer por largo tiempo y costará mucha sangre y muchos tesoros su reducción.”

 

Pablo Morillo, Cuartel General de Ocaña, 27 de marzo de 1816.

 

 

 

Pablo Morillo

(1778-1837)

 

Nace en Fuentesecas, España, el 5 de mayo de 1778. Conocido como el Pacificador, sería el líder del ejército realista que ingresaría a Venezuela con la finalidad de reponer el régimen monárquico a partir de abril de 1815, con el distintivo de Gobernador y Capitán General. Al volver al trono el rey Fernando VII, Morillo recibiría el nombramiento de comandante de la expedición reconquistadora a Venezuela, el 14 de agosto de 1814. Zarparía de Cádiz al mando de 18 barcos de guerra con un total de 11 mil efectivos, equipados con piezas de artillería, ingeniería, caballería y demás servicios. Entre abril de 1815 y febrero de 1818, actuaría consecutivamente en operaciones que lo llevarían inclusive a la Nueva Granada, obteniendo el dominio momentáneo de los territorios. Luego de recibir una herida en la Batalla de Semen, el 16 de marzo de 1820, en la cual derrotaría a Bolívar, a Morillo le fue otorgado el título de marqués de La Puerta. El 25 de noviembre del mismo año firmaría con el Libertador el Tratado de Regularización de la Guerra, en Santa Ana (estado Trujillo), donde ambos enemigos acordarían el cese de las hostilidades. Regresaría a España en diciembre de 1820. Moriría en Francia en 1837.

 

 

 

Simón Bolívar

 

Nace en Caracas el 24 de julio de 1783. Hijo de la unión de Juan Vicente Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Sojo, pertenece a una de las familias más distinguidas y acaudaladas del mantuanaje caraqueño. Es una de las figuras más trascendentales de la historia americana y mundial, dotado como nadie con el genio de la reflexión y la acción. En 20 años de actividad a lo largo y ancho del continente, libertó a Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, destruyendo no sólo militarmente a los ejércitos de España, sino creando las bases de las instituciones políticas y jurídicas de Hispanoamérica. Jefe supremo de los ejércitos republicanos se le conoce también con el título de El Libertador. En su pensamiento son claves el Manifiesto de Cartagena (1812), el Decreto de Guerra a Muerte (1813), la Carta de Jamaica (1815), el Discurso de Angostura (1819) y la Constitución de Bolivia (1826), entre un sinfín de proclamas y documentos donde expone su visión futurista del continente y su reflexión política. En éstas estarán presentes, imperiosamente, la conciencia revolucionaria del continente americano y la unidad que debía asumir para su liberación. En el ámbito militar su figura resalta en la Campaña Admirable (1813), la Expedición de Los Cayos de San Luis (1816), la Campaña del Virreinato de la Nueva Granada (1819), la batalla de Carabobo, donde se libera a Venezuela (1821) y la Campaña del Virreinato del Perú (1821-1824). Se le conocerá, en este sentido, como “el hombre de las dificultades”; decidido en la estrategia y más en la necesidad de la acción militar para obtener la victoria. En 1827, debido a rivalidades personales entre los generales de la revolución, estallan guerras civiles que desmoronaron la unión sudamericana por la cual había invertido toda su vida. Acorralado por guerras fraccionales y víctima de la tuberculosis, fallece el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, Colombia.

 

Juramento del Monte Sacro

 

En la primavera de 1805, Bolívar, contando 22 años de edad, iniciaría un viaje a Italia en el marco de una peregrinación que lo llevaría por varias ciudades europeas desde meses antes. Luego de coincidir con personalidades como Alejandro Von Humboldt en la ciudad de París, el joven caraqueño dirigirá su atención a tierras italianas. Estando en Milán el 26 de mayo, observaría de cerca la consagración política de Napoleón Bonaparte, suceso que lo influiría respecto al vínculo del héroe con las masas subalternas. El que había sido su maestro y amigo desde las primeras letras, Simón Rodríguez, sería su acompañante. Ambos ascenderían el Monte Aventino (Sacrum Montem) y en la cumbre reflexionarían sobre el destino de Venezuela y la opresión que la doblegaba. Teniendo como telón de fondo el imperio bonapartista y al racionalismo ilustrado, Bolívar juraría ante su maestro: “…que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”.

 

Simón Rodríguez

(1769 – 1854)

 

También conocido como Samuel Robinson, nació en Caracas el 28 de octubre de 1769. Su obra intelectual, que pendula de la filosofía a la pedagogía, de la sociología a la política, es una de las más influyentes de su tiempo en el orbe hispanoamericano. Hijo expósito, Rodríguez fue un insaciable autodidacta; a sus tempranos 22 años recibe el permiso del Cabildo de Caracas para impartir clases en la escuela de primeras letras para niños. Conocedor de la filosofía ilustrada europea, Rodríguez se convertirá en mentor de Simón Bolívar entre 1792 y 1796, hecho que marcará de por vida a este último. Junto con aquél, ascendería en Roma, Italia, al Monte Sacro el 15 de agosto de 1805, donde jura dedicar su vida a la causa independentista de Hispanoamérica. Peregrinaría por numerosos países americanos y europeos entre 1797 y 1823, dedicándose a la docencia y demás oficios. Entre sus obras más importantes están Sociedades americanas en 1828, Luces y virtudes sociales, El Libertador del mediodía de América 1830 y Críticas de las providencias de Gobierno, entre otras. Muere en Amotape, Perú, el 28 de febrero de 1854.

 

La Campaña Admirable

 

Luego de la pérdida de la Primera República el 25 de julio de 1812, Simón Bolívar se embarcaría en el mes de agosto a Curazao, prometiéndose volver a Venezuela para libertarla del oprobio español. Radicado desde el 14 de noviembre en Cartagena (actual Colombia), el joven caraqueño ofrecería sus servicios al ejército neogranadino, al igual que otros patriotas venezolanos desterrados. Bolívar asume la Comandancia de Barrancas y, para el 8 de enero de 1813, expulsa a las fuerzas realistas del Puerto de Ocaña y de toda la región del bajo Magdalena. Sin detenerse, conduce su tropa hacia la ciudad de San José de Cúcuta, liberándola el 28 de febrero de 1813. Al llegar estas noticias al Congreso Unido el 1° de marzo, Camilo Torres lo nombra brigadier de los Ejércitos de la Unión y ciudadano de la Nueva Granada. Entrando a San Antonio del Táchira, a comienzos de marzo de 1813, Bolívar mostraría todas las intenciones de seguir avanzando y reconquistar Venezuela. Luego de esperar dos meses la autorización del gobierno neogranadino para aquella empresa, obtiene de aquel el permiso de expedicionar solamente hasta la ciudad tachirense de La Grita. El 14 de mayo daría comienzo a lo que se conoce como Campaña Admirable, partiendo desde la población tachirense hasta la ciudad de Mérida, contando con una tropa de 600 soldados. Nueve días después y despejado de enemigos el camino, Bolívar entra victorioso a aquella ciudad andina el 23 de mayo, allí le es otorgado el título de el Libertador. El general en jefe del Ejército Libertador ocupa Trujillo a principios de junio, ciudad donde dictó el Decreto de Guerra a Muerte el 15 del mismo mes. De Trujillo, libera seguidamente a Guanare, Barinas y San Carlos en tan sólo 20 días. Con la ruta de los llanos centrales libre de fuerzas enemigas y tras ocupar Valencia, el Libertador entra victorioso en Caracas el 6 de agosto de 1813.

 

Manifiesto de Cartagena (15 de diciembre de 1812)

 

“La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente debe evitar los escollos que han destrozado a aquélla. A este efecto presento como una medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de Caracas. A primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizás impracticable; pero examinando atentamente con ojos previsivos, y una meditación profunda, es imposible desconocer su necesidad, como dejar de ponerlo en ejecución probada la utilidad.”

 

Decreto de Guerra a Muerte (Trujillo, 15 de junio de 1813)

 

Todo español que no conspire contra la tiranía a favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. (…) Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.”

 

 

Otorgamiento en Caracas del título de Libertador (14 de agosto de 1813)

 

La diputación de V.SS. me ha presentado la acta de 14 del corriente, que a nombre de los pueblos me trasmiten V.SS., con la debida recompensa a las victorias que he conseguido y han dado libertad a mi patria. He tenido, es verdad, el honor de conducir en el campo de batalla, soldados valientes, Jefes impertérritos y peritos, bastantes por sí solos a haber realizado la empresa memorable que felizmente han terminado nuestras armas. V.SS. me aclaman Capitán General de los ejércitos y Libertador de Venezuela: títulomás glorioso y satisfactorio para mí que el cetro de todos los imperios de la tierra; pero V.SS. deben considerar que el Congreso de la Nueva Granada, el Mariscal de Campo José Félix Ribas, el Coronel Atanasio Girardot, el Brigadier Rafael Urdaneta, el Comandante D’Elhuyar, el Comandante Elías y los demás oficiales señores, y no yo, merecen las recompensas con que a nombre de los pueblos quieren premiar V.SS. en mí, servicios que éstos han hecho. El honor que se me hace es tan superior a mi mérito, que no puedo contemplarle sin confusión.”

 

 

La Expedición de Chacachacare

 

La isla de Trinidad y Tobago serviría de refugio para un grupo venezolanos que, luego de escapar de las fuerzas de Domingo de Monteverde, deciden emprender una expedición marítima para retornar a Venezuela en enero de 1813. Santiago Mariño, Manuel Piar, Manuel Valdés, José Francisco Bermúdez, Juan Bautista Arismendi y Juan Bautista Bideau serían los principales líderes de esta empresa libertadora que tendría como punto de partida la isla de Chacachacare (cercana del golfo de Paria, estado Sucre), sumando en total 45 personas, en su mayoría mulatos venezolanos y franceses. La estrategia bélica de la expedición tendría como centro de operaciones la hacienda Chacachacare, perteneciente a Concepción Mariño; hermana del lider oriental.

 

El 11 de enero de 1813 se firmó el Acta de Chacachacare, documento que dio inicio a la Campaña de Oriente. Un día después los patriotas, al mando de Santiago Marino, lograron desembarcar en el pueblo de Güiria (estado Sucre) e iniciaron el contraataque contra las columnas realistas —lideradas por los oficiales españoles Francisco Javier Cervériz, Eusebio Antoñanzas, Antonio Zuazola, Lorenzo Fernández de la Hoz y Juan Manuel Cajigal y Niño— en la zona oriental de Venezuela. Luego de intensos combates entre enero y agosto de 1813, este contingente patriota, omando a Güiria y Maturín como plazas clave donde se organizaron los despliegues de sus fuerzas militares, alcanzó una serie de victorias considerables y logró la liberación de las provincias de Cumaná y Barcelona. Finalmente, para agosto de 1813 el oriente del país, a excepción de Guayana que permanecía fiel a la monarquía, se encontraba nuevamente bajo el dominio de la causa independentista.

 

No obstante, las fuerzas realistas no se encontraban derrotadas del todo; una gran masa de hombres y mujeres, acaudillada por José Tomás Boves, no reconocía a las autoridades republicanas; conformando una avanzada que pronto amenazó a los patriotas y determinó el destino de la Segunda República de Venezuela.

 

Acta de Chacachacare

(11 de enero de 1813)

 

«Violada por el jefe español D. Domingo Monteverde la capitulación que celebró con el ilustre general Miranda, el 25 de julio de 1812; y considerando que las garantías que se ofrecen en aquel solemne tratado se han convertido en cadalsos, cárceles, persecuciones y secuestros, que el mismo general Miranda, ha sido víctima de la perfidia de su adversario; (…), impulsados por un sentimiento de profundo patriotismo, resolvemos expedicionar sobre Venezuela, con el objeto de salvar esa patria de la dependencia española y restituirle la dignidad de nación que el tirano Monteverde y su terremoto le arrebataron. Mutuamente nos empeñamos nuestra palabra de caballeros de vencer o morir en tan gloriosa empresa; y de este compromiso ponemos a Dios y a nuestras espadas por testigo. Nombramos jefe Supremo con plenitud de facultades al coronel Santiago Mariño.»

 

 

 

Santiago Mariño

(1788-1854)

 

Nació en la población del Valle del Espíritu Santo, estado Nueva Esparta, el 25 de julio de 1788. Se desempeñó como general en jefe del Ejército de Venezuela durante la guerra de Independencia. Lideró la campaña de liberación del oriente de Venezuela (entre enero y junio de 1813) y venció al ejército realista de José Tomás Boves en la batalla de Bocachica (marzo de 1814). Participó activamente en las batallas de Carabobo y La Puerta, así como también en la expedición de Los Cayos en 1818 y en el combate de Cantaura en 1819. En 1826 apoya el movimiento separatista de La Cosiata, al lado del general José Antonio Páez, proceso que se consuma en 1830 con la separación de la Gran Colombia. Encabezó en 1835 el movimiento conocido como Revolución de las Reformas. Además de sus hazañas militares estuvo siempre ligado al ejercicio de la política, llegando a desempeñar cargos como el de diputado de la Provincia de Cumaná durante el segundo Congreso de Venezuela. Muere en el estado Aragua el 4 de abril de 1854.

 

 

La Batalla de la Victoria

 

En su esfuerzo por mantener viva la Segunda República el ejército republicano tenía en su camino un desafío ineludible: detener las tropas de José Tomás Boves provenientes de los valles de Aragua, las cuales amenazaban con invadir la ciudad de Caracas con más de 12 mil hombres. José Félix Ribas, nombrado por el Libertador, General de División de los Ejércitos de Venezuela, asume aquella responsabilidad sobre sus hombros. Cuenta para ello con tan sólo 5 mil hombres, entre ellos seminaristas y estudiantes de la Universidad de Caracas.

 

Llegando a la ciudad de La Victoria el 10 de febrero de 1814, Ribas dispone a sus hombres en la plaza central de la misma, organizándolos tácticamente en forma de cuadrícula: los hombres experimentados ocupan sitios más visibles, mientras que los jóvenes se atrincheran en improvisados muros y paredones, entre las instalaciones de la iglesia y las casas circunvecinas. Paciente, la milicia heroica de Ribas sólo esperaba la acometida salvaje, pero cuentan con algo a su favor: el atrincheramiento tenaz hacía difícil el ataque de la caballería, y los escombros y las barricadas desesperarían al enemigo. En el amanecer del 12 de febrero se inicia el combate. En el afán mortífero del enfrentamiento, la táctica de Ribas resulta efectiva, a juzgar por la cantidad de caídos realistas que, ciegamente y desesperados, se metían en las barricadas de la ciudad. Por cada cinco realistas moría un republicano. A las cuatro de la tarde, ya cuando las fuerzas atrincheradas de Ribas no se daban abasto, llega el refuerzo de Vicente Campo Elías y Antonio Ricaurte con 400 hombres de caballería provenientes de las afueras de San Mateo. En un segundo aire, las fuerzas patriotas rompen las líneas principales del enemigo. A las siete de la noche, en medio de aquel océano de sangre, los realistas huyen despavoridos en medio del desorden.

 

 

 

José Félix Ribas

(1775-1815)

 

Nace en la ciudad de Caracas el 19 de septiembre de 1775. Se desempeñó como general en jefe del Ejército de Venezuela durante la guerra de Independencia. Empezó su actividad republicana el 19 de abril de 1810, alentando a los vecinos para que participaran en los acontecimientos de aquel día. Durante la Independencia participó en numerosas batallas, pero el episodio más importante fue el de la batalla de La Victoria (12 de febrero de 1814), en el cual logró detener a las fuerzas realistas de José Tomás Boves, con unas tropas poco experimentadas, conformadas principalmente por jóvenes estudiantes y seminaristas que había logrado reclutar. Tuvo una participación activa en la batalla de Urica en diciembre de 1814, en la cual se perdió la Segunda República. Después de esta batalla, junto con Bermúdez, ofreció una resistencia heroica al general realista Francisco Tomás Morales en Maturín. Huyó con un sobrino y un criado, pero fue delatado por un esclavo llamado Concepción González. Fue capturado y asesinado el 31 de enero de 1815 en Tucupido (estado Guárico). Su cabeza, frita en aceite, fue enviada a Caracas, en donde se exhibió dentro de una jaula en el sitio de La Puerta, estado

Guárico.

 

 

Boves y su legión infernal

 

Venezuela no solamente arderá bajo las asesinatos y razias de Domingo de Monteverde, Francisco Cervériz, Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yáñez y Francisco Rosete; sin escrúpulos y alimentados por la venganza, esta pléyade del terror cometerá los más crueles asesinatos en todo el país. El fin: borrar con la muerte todo signo independentista. Pero por sobre ellos, un pulpero de origen asturiano, radicado en la población guariqueña de Calabozo, se convertiría en el caudillo más brutal de todos: José Tomás Boves (1782-1814). Reclutado por Eusebio Antoñanzas —enviado de Monteverde para enrolar prosélitos en su causa—, Boves entra en la dinámica del caudillaje a finales de 1812. Esclavizados y llaneros, pardos y mestizos, parecían iluminados por la actitud de aquel hombre: “…comía con ellos, dormía entre ellos, y ellos eran toda su diversión y entretenimientos, sabiendo que sólo así podía tenerlos a su devoción y contar con sus brazos para los combates…”, describe su lugarteniente Francisco Tomás Morales. Una identificación instantánea despierta Boves en sus hombres, la cual no haría sino agigantarse a su paso por los Llanos: autorizaba pillajes en los pueblos asaltados, repartía las tierras, cometía las más insólitas atrocidades. Así se perfilaba, en un avance inexorable hacia Caracas, la Legión Infernal de Boves, a comienzos de septiembre de 1813.

 

Testimonio sobre la crueldad realista

 

“En la noche siguiente a su entrada [a Valencia el 10 de julio de 1814] reunió todas las mujeres en un sarao y, entre tanto hizo recoger los hombres, que había tomado precauciones para que no se escaparan, y sacándolos fuera de la población los alanceaba como toros sin auxilio espiritual. (…) Las damas del baile se bebían las lágrimas y temblaban al oír las pisadas de las partidas de caballería, temiendo lo que sucedió, mientras que Boves con un látigo en la mano les hacía danzar el piquirico y otros sonecitos de la tierra a que era muy aficionado, sin que la molicie que ellos inspiran fuese capaz de ablandar aquel corazón de hierro. Duró la matanza algunas noches”…

 

Memorias del Regente Heredia.Caracas.

Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1986. Pp. 177-178.

 

 

 

La emigración a Oriente

 

Después de la derrota sufrida por el ejército patriota en La Puerta el 15 de junio de 1814, la pérdida de la Segunda República era ya un suceso ineludible. Teniendo a su favor el territorio de los valles centrales de Venezuela, José Tomás Boves avanzaba hacia Caracas. Simón Bolívar, viendo a su ejército diezmado por las constantes derrotas y deserciones, decide llevar a cabo la evacuación de la ciudad de Caracas hacia el oriente del país, pasando por las poblaciones de Capaya, Tacarigua de Mamporal, Río Chico, Cúpira, Sabana de Uchire, Guanape, Boca de Uchire, Clarines y Píritu. En efecto, en la mañana del 7 de julio de 1814 se inicia la agobiante emigración. Más de 20 mil almas, entre mujeres, hombres y niños, abandonan sus hogares y forman un cortejo que por más de 23 días sufrirían los embates de los pantanosos llanos orientales, además de la sed y el hambre. Durante la marcha, el Libertador cabalga en la retaguardia con la ayuda de escasos 1.200 soldados. Francisco Tomás Morales, lugarteniente de Boves, sería comisionado para darles caza a los republicanos y batirlos hasta la muerte. El general José Trinidad Morán ofrece un testimonio cercano al suceso: “Veinte mil almas de ambos sexos y de todas edades seguían nuestros pasos. Casi toda la emigración iba a pie y como el camino de la montaña de Capaya hacia Barcelona es lo más fragoso, consternaba ver a las señoras y niñas distinguidas, acostumbradas a las suavidades de la vida civilizada, marchar con el lodo a las rodillas sacando las fuerzas de la flaqueza, para salvar su honor y su vida, amenazados por la horda de facinerosos que acaudilla Boves”. Muchas familias caraqueñas se encontraban en aquella travesía infernal. Cuando llegaron a La Pica, un grupo decidió continuar por el “camino de afuera”, pasando por Cúpira a Sabana de Uchire, y de allí a Clarines por Guanape. Un segundo grupo, que decidió realizar la travesía por “el camino de la costa”, fue atacado en la orilla del mar por barcos españoles que los cañonearon matando a gran parte de ellos. Otros lograrían escapar hacia las Antillas; los menos, se refugiarían en las serranías de la costa.

 

Una reflexión desde el exilio

 

Acabado el segundo ensayo republicano, Bolívar intenta impulsar una nueva campaña militar para liberar de Venezuela desde la Nueva Granda. Al ver frustrados sus planes se radica en la isla de Jamaica, donde defiende el derecho de los americanos a la Independencia y señala: El hábito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno; no obstante que la inconducta de nuestros dominadores relajaba esta simpatía; o, por mejor decir, este apego forzado por el imperio de la dominación. Al presente sucede lo contrario; la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos: todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria.”

 

Simón Bolívar, Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta isla (Carta de Jamaica)

Kingston, 6 de septiembre de 1815.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Liberación de Venezuela y la Creación de Colombia

 

Durante la guerra de Independencia de Venezuela, en el período comprendido entre 1815 y 1821, la actuación de las fuerzas patriotas comandadas por Simón Bolívar puede caracterizarse en seis grandes momentos que determinaron los últimos años de la gesta libertaria iniciada el 19 de abril de 1810. En primer lugar, la organización de expediciones navales que tuvieron como objetivo la incursión en el territorio venezolano luego de la caída de la Segunda República en 1814. En segundo lugar la ocupación paulatina del oriente del país y la consolidación de los republicanos en la provincia de Guayana en 1817. Una tercera etapa que se inició con el despliegue hacia los llanos occidentales y los esfuerzos de unificar los ejércitos patriotas esparcidos en el territorio. Seguidamente, la reunión del Congreso de Angostura y la definición de estatutos políticos y jurídicos de la República de Colombia, vinculado estrechamente con un quinto episodio: el paso de los Andes y el rescate de la Nueva Granada con la decisiva victoria patriota en Boyacá en 1819. Por último, el regreso del contingente a Venezuela y la victoria final en el campo de Carabobo el 24 de junio de 1821; episodio que selló la Independencia de nuestro país, y a la vez permitió la liberación de los pueblos de Ecuador, Perú y Bolivia y la expulsión definitiva del enemigo español de la América del Sur con el triunfo en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.

 

 

Expedición de los Cayos de San Luís

diciembre de 1815- julio de 1816

 

A fines de 1815, aunque la situación se vislumbraba poco esperanzadora para la causa independentista, no todo estaba perdido. En la isla de Haití, Simón Bolívar recibiría el apoyo político y militar del presidente Alejandro Petión para preparar una expedición que tenía como objetivo invadir a Venezuela, apoyar a las fuerzas de resistencia que se mantenían en el territorio, expulsar al enemigo español y restaurar la República.

 

 

La expedición

 

El 31 de marzo de 1816 un ejército de 250 hombres integrado por Bolívar, Luis Brión, Mariano Montilla y Santiago Mariño, entre otros, zarpó desde Los Cayos de San Luis (ubicados al sur de Haití), desembarcando en la isla de Margarita el 3 de mayo. De inmediato Bolívar fue designado jefe supremo de la República y las fuerzas republicanas fueron reorganizadas para iniciar una campaña terrestre desde diversos puntos del oriente y occidente del país.

 

En tierra firme

 

Carúpano (actual estado Sucre) fue la primera ciudad liberada por los patriotas el 1° de junio de 1816. Desde allí Bolívar promulgó, “Considerando que la justicia, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza” el primer decreto de libertad de los esclavizados y ordenó el traslado de dos divisiones hacia Güiria y Maturín —comandadas por Santiago Mariño y Manuel Piar respectivamente— que tenían como misión asegurar el dominio del ejército republicano en el oriente del país. Por su parte, Bolívar se embarcó con destino al occidente a fin de abrir un frente de acción que paulatinamente permitiese el ingreso a los valles de Caracas.

 

Un líder cuestionado

 

A mediados de julio de 1816, el jefe realista Francisco Tomás Morales había logrado contener exitosamente el avance republicano. Las constantes derrotas obligaron a Bolívar a embarcarse hacia el oriente venezolano, donde Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez le recriminaron el fracaso de la expedición y desconocieron su autoridad. Comprometido el éxito de la campaña, el Libertador volvió el 23 de agosto de 1816 a Haití, decidido a organizar una nueva expedición hacia Venezuela y continuar la lucha por la Independencia.

 

Ayuda de Haití a la expedición de Bolívar

 

El 2 de enero de 1816, Simón Bolívar se entrevistó por primera vez con el presidente de Haití, Alejandro Petión en el Palacio Presidencial de Puerto Príncipe. A partir de este momento, el prócer haitiano ofreció todo su apoyo a las expediciones libertarias organizadas por el Libertador, quien —admirado por los alcances de la revolución haitiana— prometió la liberación de todos los esclavizados de los territorios reconquistados por los patriotas venezolanos.

 

 

Abolición de la esclavitud

(2 de junio de 1816)

 

A mediados de 1816, los expedicionarios patriotas se encontraban en el territorio venezolano dispuestos seguir la lucha por la libertad. Simón Bolívar, consciente de que este objetivo no podría cumplirse si no se aseguraba el respaldo de amplios sectores de la sociedad, fue fiel a la promesa hecha a Petión y promulgó, el 2 de junio, un decreto que contemplaba la libertad de los esclavizados, incorporándolos así a la lucha y haciendo de la Independencia una causa popular.

 

 

 

 

 

 

 

Desembarco en Ocumare de la Costa

6 de julio de 1816

 

Para mayo de 1816, aunque los hombres de la expedición de los Cayos esperaban en Venezuela dispuestos a combatir a las tropas monárquicas, los planes de acción en tierra firme no estaban definidos. Cualquier incursión debía estudiarse con detalle porque, salvo los focos de resistencia en la isla de Margarita, una parte de los llanos occidentales y poblados orientales, el territorio se encontraba bajo control de las fuerzas realistas comandadas por el jefe español Pablo Morillo.

 

La ruta a seguir

 

Al evaluar la situación, la primera propuesta del Libertador consistió en iniciar las acciones desde Guayana; opción descartada por el almirante Luis Brión, quien consideró que la escasez de víveres imposibilitaría el traslado hacia el puerto de Angostura. Ante la negativa, Bolívar eligió la ciudad de Carúpano como punto inicial para la campaña. No obstante, la propuesta no recibiría todo el apoyo requerido y la unidad entre las fuerzas patriotas comenzaría a mostrar las primeras fisuras.

 

Caracas el objetivo final

Llegado el momento, el liderazgo del Libertador fue cuestionado por Juan Bautista Arismendi quien, decidido a no abandonar la isla de Margarita, se opuso a que sus hombres se incorporasen a la lucha en tierra firme. A pesar de las adversidades, Bolívar no cesó en su empeño de liberar Venezuela, señalando en su momento al general Arismendi: “Voy a desembarcar a la costa de Ocumare a la cabeza de 1.000 hombres, y antes de ocho días tomaré la capital”. Luego de vencer en Carúpano, los soldados comandados por Bolívar llegaron a Ocumare; lugar donde éste ratificó la abolición de la esclavitud, el 6 de julio de 1816, declaró el cese de la guerra a muerte y encargó a Gregor Mac Gregor, Carlos Soublette y José Antonio Anzoátegui controlar la región central del país. La dispersión de las tropas republicanas y el constante asedio del realista Morales imposibilitó la marcha hacia Caracas, postergando así los planes dispuestos.

 

Armando con un machete a disposición del comandante de insurgencia

 

Contando con 60 años de edad para el año de 1817, Valentín Pantoja se dedicaba desde temprana edad al oficio de pescador en las costas de Choroní, estado Aragua, de donde era natural y vecino. Se conoce que para el año de 1816, cuando Simón Bolívar llegó a la costa de Ocumare durante la primera Expedición de los Cayos, se presentó voluntariamente con un machete y se puso a las órdenes de las fuerzas patriotas. Con su presencia colaboró decididamente a la causa republicana trasladando víveres y los insumos necesarios para las tropas insurgentes. Por esta colaboración las autoridades españolas iniciaron un proceso judicial en contra de Pantoja el 11 de enero de 1817. Fue apresado y trasladado a diferentes cárceles mientras se le dictaminaba una sentencia. De las Bóvedas del Puerto de La Guaira fue enviado a la ciudad de Caracas y de ahí a la Cárcel Real de Choroní.

 

“Autos contra Valentín Pantoja, natural y vecino de Choroní, pescador, por el delito de infidencia (1817)”, AGN, Causas de Infidencia, t. XX I, exp. 6, fs. 49-114.

 

 

Campaña de Guayana

finales de 1816-medianos de 1817

 

A principios de 1817, Simón Bolívar ya se encontraba de nuevo en territorio venezolano dispuesto a retomar el mando de las fuerzas patriotas y enfrentar, en un frente unido, a las tropas realistas. Para tal fin resultaba necesario que los republicanos controlasen el área comprendida entre Angostura (actual estado Bolívar) y Guayana porque, una vez dominado el oriente venezolano, aseguradas las salidas al mar Caribe y la navegación del río Orinoco, la causa independentista podría avanzar hacia el occidente y plantear la lucha en una posición de ventaja que determinaría la victoria final.

 

Barcelona defendida

 

Una de las primeras previsiones que tomó Bolívar fue instalarse en la ciudad de Barcelona (actual estado Anzoátegui), donde planificó la marcha hacia la ciudad de Caracas. Sin embargo, el constante asecho de las fuerzas realistas desde los llanos centrales fue motivo suficiente para replantear los objetivos. Fue así como el Libertador optó por la protección del la entrada hacia el oriente, ordenando la construcción de un campo atrincherado en el casco central de Barcelona que resguardase todo el armamento y provisiones disponibles en el convento de San Francisco, el cual fue convertido en casa fuerte. Para 8 de febrero de 1817, unos 4.000 hombres al servicio del rey se abalanzaron contra Barcelona, pero el decidido rechazo de las fuerzas patriotas —que para el momento no superaban los 600 soldados— además de la inminente llegada de refuerzos comandados por Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez, forzó la suspensión de los ataques y el retiro del contingente realista.

 

El inicio de la campaña

 

Luego de los sucesos de Barcelona, Mariño y Bermúdez optaron por reconocer la autoridad del Libertador y unir fuerzas. No obstante, los 2.800 hombres que integraban el ejército patriota eran superados en número por los españoles. De inmediato, los patriotas comprendieron que la liberación de Venezuela dependía del dominio de Angostura. Para el 25 de marzo de 1817, Bolívar salió de Barcelona, acompañado de 15 oficiales, rumbo al Orinoco para entrevistarse con Manuel Piar y afinar los detalles sobre la incursión de las fuerzas leales.

 

La huida realista

 

Luego de la victoria patriota en la Batalla de San Félix, el brigadier español Miguel de la Torre emprendió la retirada y se refugió en Angostura. Sin embargo, la entrada de una flota comandada por el almirante Luis Brión, y el riguroso sitio impuesto por Bolívar, obligó al oficial realista a evacuar la ciudad entre el 17 y 18 de julio de 1817. Al poco tiempo, el último reducto de las tropas del rey se vio forzada a huir hacia la isla de Granada, pero mientras recorrían el Orinoco fueron atacados por los republicanos el 3 de agosto en el combate naval de Cabrián; una batalla que determinó el fin de la Campaña de Guayana y el inicio de la consolidación definitiva de los patriotas en el territorio venezolano.

 

Batalla de San Félix

11 de abril de 1817

 

El 28 de diciembre de 1816, Simón Bolívar regresó a Venezuela procedente de Jacmel (Haití) con la firme intención de seguir enfrentando al enemigo español y establecer un centro de operaciones permanente que permitiese el despliegue de las fuerzas patriotas y la consolidación de un frente de lucha coherente y unido. Angostura (actual Ciudad Bolívar), que ofrecía las condiciones estratégicas necesarias para cumplir los objetivos, fue escogida por el Libertador como el enclave de los independentistas.

 

Una ciudad asediada

 

A comienzos del año 1817, el oriente venezolano fue el escenario de una intensa actividad de guerra. En el momento que Bolívar intentaba avanzar hacia Caracas vía Clarines, y Mariño en compañía de Antonio José de Sucre atacaba infructuosamente Cumaná (actual estado Sucre), Manuel Piar buscaba la forma de vencer las defensas del coronel realista Lorenzo Fitzgerald y tomar la ciudad de Angostura. Viendo imposibilitada una acción directa, y siendo ineficaces los esfuerzos por sitiar la plaza, Piar decidió cambiar la estrategia. El 24 de enero salió rumbo a las misiones del Caroní y bloqueó la principal fuente de suministros, dificultando de esta forma que los realistas pudieran defender por más tiempo la capital de la Provincia de Guayana.

 

 

Manuel Piar (1774-1817)

 

Manuel Piar nació en Willemstad (Curazao) el 28 de abril de 1774. Siendo un joven participó en la conspiración de Gual y España. En 1813 integró la expedición de Chacachacare y, a partir de 1816, con sus victorias en las batallas del Juncal (27 de septiembre de 1816) y San Félix (11 de abril de 1817), contribuyó a la consolidación de los patriotas en la provincia de Guayana. A mediados del año 1817, Piar cuestionó la autoridad única de Simón Bolívar e incitó constantemente a los pardos a unirse a un ejército que combatiese el liderazgo de los blancos mantuanos; estas acciones fueron consideradas por el Libertador como de alta traición, ordenando de inmediato la captura el Piar. El general Manuel Cedeño logró apresar a Piar en Aragua de Maturín y conducirlo al cuartel general en Angostura, donde fue procesado y se le consideró culpable de insubordinación a la autoridad suprema, sedición y deserción. Por lo cual fue condenado a muerte y fusilado el 16 de octubre de 1817, en las adyacencias de la catedral de Angostura.

 

 

Congreso de Cariaco

 

Entre los días 8 y 9 de mayo de 1817, se instaló en la ciudad de San Felipe de Cariaco una asamblea de gobierno, mejor conocida como Congresillo de Cariaco. Esta iniciativa —ideada originalmente por el presbítero José Cortés de Madariaga— fue impulsada y promovida por Santiago Mariño quien, sin consultar al jefe supremo de la República, el general Simón Bolívar, pretendió restablecer la Constitución de 1811, e instaurar el sistema federal que contribuyó a la caída de la Primera República.

 

Acta del Congreso de Cariaco (extracto)

 

“Nosotros los Representantes de los Estados Unidos de Venezuela (...) después de madura deliberación y obedeciendo á nuestra libre voluntad; declaramos: Que desde este día reasumimos el carácter nacional representativo á que hemos sido restituidos por el eminente General Santiago Marino, procediendo éste en nombre del Jefe Supremo de la república, el digno ciudadano Simón Bolívar y en el suyo propio, como segundo Jefe encargado al presente de las riendas del Gobierno. Y hacemos saber á todo el pueblo de la Confederación, invocando al Ser Supremo como testigo de la pureza y honradez de nuestras intenciones, que desde hoy se halla restablecido el Gobierno Federal de la República de Venezuela, en sus tres departamentos legislativo, ejecutivo y judicial, para el debido despacho de los negociados que respectivamente les corresponden.” > Memorias del General O’Leary. Caracas, Ministerio de la Defensa, 1981, t. XV, pp. 253-255.

 

 

Las siete estrellas del tricolor patrio

(12 mayo de 1817)

 

Una vez establecido, en la ciudad de Pampatar (estado Nueva Esparta), el Gobierno Federal emanado del Congreso de Cariaco promulgó, el 12 de mayo de 1817, la utilización del tricolor como bandera nacional y la incorporación —en la franja amarilla— de siete estrellas que representaban a las provincias de Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo, que proclamaron la Independencia el 5 de julio de 1811 y conformaron la República de Venezuela.

 

 

Campaña del Centro o la reconquista de los llanos

enero-junio de 1818

 

A finales de 1817, Bolívar buscaba consolidar las posiciones patriotas en el occidente del país y abrir paso hacia Caracas. En este sentido, los avances alcanzados por José Antonio Páez en los llanos venezolanos (específicamente en el territorio comprendido entre el río Meta y el río Apure), ofrecían una posibilidad de consolidar un frente de acción conjunto que se opusiese al ejército real comandado por el jefe español Pablo Morillo, asegurar el avance hacia la ciudad capital y restituir la libertad en el territorio venezolano.

 

El encuentro

 

Bolívar lideró la movilización de su ejército hacia el Apure y luego de un extenso recorrido de 900 km, el contingente logró atravesar el Arauca permitiendo que el Libertador y el líder llanero José Antonio Páez se reuniesen por primera vez en el hato Cañafístolo, el 31 de enero de 1818. En el encuentro Páez, dando nuestras de una fidelidad que resultó efímera, se subordinó a la autoridad de Bolívar.

 

Hacia Caracas

 

Para el 10 de febrero de 1818, el ejército patriota, que contaba con .000 hombres, marchó hacia Calabozo donde Morillo permanecía resguardado en su cuartel general. A mediados de mes, asediados por los republicanos, los realistas se replegaron hacia los valles de Aragua, donde fueron perseguidos por Bolívar que ocupó El Sombrero el 17 de febrero. Seguidamente Páez regresó para continuar las operaciones en Apure, y el Libertador se dirigió a Calabozo a preparar una avanzada final hacia Caracas. El 16 de marzo, ambos ejércitos se encontraron en la quebrada La puerta en las adyacencias de San Juan de los Morros, enfrentándose en la batalla de Semen, que significó una dura derrota para los republicanos, el término de la Campaña el Centro y de los planes de tomar la ciudad de Caracas. Bolívar emprendió su regreso a Angostura, el 5 de junio de 1818, determinado a fortalecer el ejército republicano y planificar una ofensiva contra el enclave realista en la Nueva Granada.

 

 

Atentado al Libertador en el rincón de los Toros

(17 de abril de 1818)

 

A principios de abril de 1818, el Libertador se encontraba en San José de Tiznados (estado Guárico) reorganizando a las fuerzas patriotas. El día 16, decidió acampar en un hato cercano, conocido como Rincón de los Toros, pero su ubicación fue revelada y el capitán realista Tomás Renovales atacó el lugar al día siguiente. Bolívar, fracasado el atentado, pudo escapar y regresar a Apure dispuesto a continuar la lucha.

 

 

Pedro Zaraza (1775-1825)

 

Nació en 1775 en el poblado de Chaguaramas (estado Guárico). En la guerra de Independencia se destacó por su participación en la batalla de Urica de 1814; donde le dio muerte al realista José Tomás Boves. Al año siguiente enfrentó al ejército de Pablo Morillo en el oriente del país, y para 1817 se encargó de la organización de las tropas republicanas. A partir de 1821 combatió a las guerrillas realistas. Falleció en Caracas el 28 de julio de 1825.

 

 

Las Queseras del Medio

2 de abril de 1819

 

En las tierras del Arauca, estado Apure, José Antonio Páez y un grupo de 150 llaneros realizarían, el 2 de abril de 1819, la acción militar conocida como las Queseras del Medio. Páez, cruzando al margen izquierdo del brioso río, movilizaría su tropa en dos columnas para dar frente a las fuerzas realistas conducidas por el general Pablo Morillo. Éste se sorprendería de dos cosas: observar el valor de la caballería republicana al cruzar las aguas del río; y ver el poco número de efectivos con los cuales procuraban darle combate a sus casi 2 mil hombres. El general español, sintiéndose confiado por su superioridad numérica, da la orden de ataque a la caballería. Del lado republicano, el plan era provocar al enemigo y esperar que se les acercaran lo más posible. Páez ordenaría la retirada nuevamente hacia las riberas del Arauca, dando a entender que estaban derrotados. Sin embargo, con el grito: “¡Vuelvan caras!”, los 150 llaneros se voltearían de improviso para enfrentar el ataque. Entonces, rápidamente se dividirían en siete escuadras, y con las lanzas afiladas sembrarían el terror al ejército enemigo. Entre el desconcierto y la confusión, el ejército español caería en pánico, careciendo del tiempo suficiente para ordenarse. Morillo huiría en retirada hacia Achaguas (actual estado Apure) con el resto de sus hombres. En aquella ocasión se evidenciaría la crucial importancia que comenzarían a tener los lanceros venezolanos en la guerra de emancipación, relevancia que se extendería muy pronto hacia todo el continente. “Antes de ayer el general Páez ha logrado un golpe admirable sobre Morillo y que pudo haber sido completamente decisivo si la noche no lo hubiera ocultado a nuestras lanzas (…) ciento y cincuenta valientes mandados por el general Páez no podían solos destruir todo un ejército estando nuestras tropas con el Arauca por medio”, apuntará Bolívar el 4 de abril de 1819. El Libertador condecoraría a aquellos valientes con la Cruz de los Libertadores.

 

 

José Antonio Páez

(1790 – 1873)

 

Nace en Curpa, estado Portuguesa, el 13 de junio de 1790. A partir de 1810, Páez participa en el escuadrón de caballería de Manuel Antonio Pulido. En los azares de la caída de la Primera República y el restablecimiento de la Segunda República en 1813, se decide por la causa patriota teniendo una crucial ascendencia en las tropas llaneras. Para 1816, Páez sumaría importantes victorias para el bando republicano, y se autoproclamaría jefe de los cuerpos militares de Apure. En enero de 1818, reconocería la autoridad de Simón Bolívar como jefe de la causa independentista. El caraqueño lo nombraría general de División a principios de 1819, año en el cual obtendrá la victoria descollante en las Queseras del Medio. Luego del triunfo de Carabobo, el 24 de junio de 1821, recibiría en manos del Libertador el título de general en jefe en el campo de batalla. En 1826, como jefe civil y militar de Venezuela, lideraría el movimiento separatista de la Gran Colombia, conocido como La Cosiata. Luego de la separación de la unión colombiana, Páez sería nombrado presidente de Venezuela en 1830. Iniciaría desde entonces su larga carrera política, siendo su último hito importante el de 1861, donde se autoproclama dictador. Desterrado del país en 1863, José Antonio Páez moriría en Nueva York, el 6 de mayo de 1873.

Congreso de angostura

15 de febrero de 1819

 

El 15 de febrero de 1819, en medio de notorias rivalidades impulsadas por la disidencia oriental entre Santiago Mariño, Juan Bautista Arismendi y José Francisco Bermúdez; aunado al devastador avance de las fuerzas realistas del jefe español Pablo Morillo hacia el centro del país, el Libertador decidió convocar en Angostura (actual Ciudad Bolívar), el segundo gran Congreso nacional después del instalado en Caracas el 2 de marzo de 1811.

 

Las provincias reunidas

 

En este Congreso se reunieron representaciones de todas las provincias que estaban en poder de los republicanos. Para el momento, Bolívar estaba convencido de que Venezuela ya se encontraba con el derecho jurídico y natural de afirmarse como nación soberana y República independiente, y ejercer su capacidad legislativa.

De esta manera, según el Libertador se fortalecía el régimen republicano ante la mirada del imperio español, que aún aspiraba remontar su empresa invasora. Caracas, Barcelona, Cumaná, Guayana, Margarita y Barinas, serían las provincias llamadas a participar de este nuevo proyecto bolivariano. Los territorios de Mérida, Trujillo y Casanare (Nueva Granada) también se contemplaron como posibles representaciones en tan importante encuentro.

 

Santo Tomás de Angostura

 

A principios de 1819, la Provincia de Guayana era el centro de operaciones de los patriotas y la ciudad de Santo Tomás de Angostura (ciudad Bolívar), la sede del gobierno y la capital de la República de Venezuela. En este lugar, que recibe su nombre por ubicarse en el punto más estrecho del río Orinoco, el Congreso sancionó, el 15 de agosto de 1819, la segunda Constitución de la República de Venezuela.

 

 

Correo del Orinoco

 

Fundado el 27 de junio de 1818 como órgano de difusión de las ideas republicanas, con el fin de contrarrestar la campaña antipatriótica que realizaba la Gazeta de Caracas dirigida por José Domingo Díaz. De esta manera, durante los cuatro años que estuvo en circulación, se dedicó a explicar los ideales republicanos y la importancia del triunfo de su causa, no sólo para Venezuela sino para el resto de América.

 

 

 

Discurso de Angostura

(fragmento)

 

...todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del pueblo en un todo; la composición del gobierno en un todo; la legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla; nuestra Constitución ha dividido los poderes, enlacémoslos para unirlos (…) El progreso de la luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces. La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades (…) renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad.”

Simón Bolívar, Discurso de Angostura, 15 de febrero de 1819.

 

Ley Fundamental de la Republica de Colombia

(17 de diciembre de 1819)

 

El Congreso de Venezuela, reunido en la ciudad de Angostura desde febrero de 1819, decretó el 17 de diciembre de ese año la Ley Fundamental de la República de Colombia; una herramienta jurídica que dio origen a la República de Colombia (conocida como la Gran Colombia), la cual estaba conformada por los territorios de la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada. Esta nación, que según los legisladores tenía “...todas las proporciones y medios de elevarse al más alto grado de poder y prosperidad”, estuvo divida en los departamentos de Venezuela, Quito y Cundinamarca, cuyas capitales fueron Caracas, Quito y Bogotá, respectivamente. Igualmente, en la Ley se estipulaba que el Congreso eligiese un presidente encargado del Poder Ejecutivo, así como la designación de una Administración

Superior por departamento y un jefe regional que recibió el título de vicepresidente. Finalmente, el artículo 8 aseguraba la continuidad institucional con la convocatoria de un Congreso que tendría lugar el día 1° de enero de 1821 en la Villa del Rosario de Cúcuta.

 

 

Liberación de la Nueva Granada.

batalla de Boyacá

7 de agosto de 1819

 

En abril de 1819, Simón Bolívar decidió dirigirse al occidente del país con la idea de consolidar, con el apoyo de los neogranadinos, un frente de acción conjunta que permitiese hacerle frente a las posiciones del jefe realista Pablo Morillo. Luego de establecerse en el poblado de Mantecal (actual estado Apure) y convocar un consejo de oficiales donde expuso la necesidad de orientar las operaciones hacia la Nueva Granada, el Libertador dio inicio al paso de los Andes el 27 de mayo de 1819. Para tal fin el Libertador incorporó las tropas apostadas en la llanura de Casanare y luego de atravesar el páramo de Pisba, venció a los realistas en la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819. El 7 de agosto unos 2.700 hombres liderados por Bolívar y divididos en dos frentes comandados por José Antonio Anzoátegui y Francisco de Paula Santander, se enfrentaron a las fuerzas realistas dirigidas por el general José María Barreiro en el puente de Boyacá. La victoria de los patriotas en Boyacá abrió paso a la liberación de la Nueva Granada, la Independencia de Venezuela y la expulsión definitiva de los ejércitos españoles de la América del Sur.

 

 

Campaña de Carabobo

abril-junio de 1821

 

Luego de la victoria en Boyacá, el Libertador y su ejército habían puesto a Bogotá y a Cundinamarca bajo el dominio patriota. Sin embargo, la situación económica y militar de la República era precaria. En Venezuela, mientras los patriotas solamente dominaban Margarita y Maturín al este del país, y San Cristóbal, Mérida y parte de Trujillo al oeste. Al sur conservaban el dominio de la Provincia de Guayana y el inmenso Apure; en el centro del país se agrupaba el ejército español —de unos 14.000 hombres— bajo la dirección del General Pablo Morillo y el General Miguel de La Torre, quien lo secundaba. Bolívar, aguardando en Trujillo, se daba cuenta de que un avance contundente del ejército español hacia Cúcuta podía llevar de nuevo a la pérdida de Cundinamarca. Colombia carecía de un ejército sólido que la defendiera allí donde el enemigo era más fuerte: en Venezuela.

 

El armisticio

 

El tratado de armisticio se firmó el 25 de noviembre de 1820, en Trujillo. En las comunicaciones entre el Libertador y Morillo se disponía que la República enviase a España sus representantes plenipotenciarios a negociar con el gobierno peninsular un cese definitivo de la guerra. La condición irrenunciable de toda negociación de paz, enfatizó Bolívar, sería el reconocimiento previo por parte de España de la independencia y soberanía de Colombia. Pero un suceso inesperado perturbó la paz temporal del armisticio y, a partir de enero de 1821, se reanudaron las hostilidades, haciendo inminente un enfrentamiento decisivo entre patriotas y realistas.

 

El combate final

 

El 23 de junio de 1821, Bolívar pasará revista al Ejército Libertador en la llanura de Taguanes. El contingente estará conformado por tres divisiones: Primera División (vanguardia), al mando de Páez; Segunda División (centro), al mando de Manuel Cedeño y Tercera División (reserva), al mando de Ambrosio Plaza. La división de vanguardia consta de dos batallones de infantería y siete regimientos de caballería. Uno de los batallones es el Bravos de Apure, y el otro el Cazadores Británicos, el cual será rebautizado como Batallón Carabobo después de la batalla. El Correo Extraordinario del Orinoco publicaría en Angostura, la mañana del miércoles 25 de julio, el parte de Carabobo dirigido por Bolívar al Congreso de Colombia: “Excelentísimo Señor.- Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia (…) El ejército español pasaba de 6.000 hombres, compuesto de lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército dejó de serlo: 400 hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello. El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo; pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos (…) Acepte el Congreso Soberano, en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla”. El mariscal Miguel de La Torre permanecería en Venezuela, hasta julio de 1822, atrincherado en PuertoCabello, cuando fue transferido a Puerto Rico, dejando los restos del ejército español al mando de Morales. Éste no capitularía sino hasta agosto de 1823, luego de la derrota naval en el Lago de Maracaibo el 24 de julio, que selló definitivamente la Independencia de Venezuela.

 

Pedro Camejo

(1790-1821)

 

Nace en San Juan de Payara, estado Apure, en 1790. Sería oficial de caballería del ejército venezolano en la guerra de Independencia. En la historiografía se le inmortalizó con el apodo de Negro Primero, gracias a la bravía con la cual lideraba la caballería y la destreza con la lanza en la lucha cuerpo a cuerpo. Camejo, hombre del pueblo, tendría la audacia chispeante del guerrero. En 1816 se alistó en la escuadra de José Antonio Páez, en Apure, con el cargo de teniente. Dos años más tarde se entrevistaría con el Libertador durante la Campaña del Centro. En la batalla de las Queseras del Medio tendría capital importancia, siendo uno de los 150 lanceros que derrotaron a Morillo en abril de 1819. En la llanura de Carabobo sería integrante de un regimiento de caballería comandado por Páez; el 24 de junio de 1821, día crucial para nuestra independencia, el Negro Primero perdería la vida.

 

 

 

 

 

Morillo: “en su terreno son una fierras resultas”

 

En Caracas al instante desenvainaron las espadas (…) Quizás no hubieran presentado una destinada resistencia los habitantes de este virreinato, si no hubiese venezolanos. Cartagena resistió hasta lo imposible por los venezolanos. En la derecha del Magdalena se han dado ya varias batallas a tropas organizadas por venezolanos; en la fragosa y estéril provincia de Antioquia ha declarado dos veces la guerra a muerte y tienen lo pasos fortificados con inteligencia por venezolanos: Santa Fe fue sometida y recibió las ideas sangrientas por los mismos que habían logrado partido con emisarios que enviaron de Caracas. Todo Excelentísimo Señor es obra de los venezolanos. En su terreno son unas fieras resueltas, y que si llegan a ser bien mandados darán que hacer por largo tiempo y costará mucha sangre y muchos tesoros su reducción.”

 

Pablo Morillo, Cuartel General de Ocaña, 27 de marzo de 1816.

 

 

 

Pablo Morillo

(1778-1837)

 

Nace en Fuentesecas, España, el 5 de mayo de 1778. Conocido como el Pacificador, sería el líder del ejército realista que ingresaría a Venezuela con la finalidad de reponer el régimen monárquico a partir de abril de 1815, con el distintivo de Gobernador y Capitán General. Al volver al trono el rey Fernando VII, Morillo recibiría el nombramiento de comandante de la expedición reconquistadora a Venezuela, el 14 de agosto de 1814. Zarparía de Cádiz al mando de 18 barcos de guerra con un total de 11 mil efectivos, equipados con piezas de artillería, ingeniería, caballería y demás servicios. Entre abril de 1815 y febrero de 1818, actuaría consecutivamente en operaciones que lo llevarían inclusive a la Nueva Granada, obteniendo el dominio momentáneo de los territorios. Luego de recibir una herida en la Batalla de Semen, el 16 de marzo de 1820, en la cual derrotaría a Bolívar, a Morillo le fue otorgado el título de marqués de La Puerta. El 25 de noviembre del mismo año firmaría con el Libertador el Tratado de Regularización de la Guerra, en Santa Ana (estado Trujillo), donde ambos enemigos acordarían el cese de las hostilidades. Regresaría a España en diciembre de 1820. Moriría en Francia en 1837.


 

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